Apr 2, 2008 at 09:44 o\clock
Darle a uno la vena.
Evita que el pensamiento divague a la deriva, reaccionando de acuerdo a lo que surge momento a momento. Este es un tipo de pensamiento cartográfico, que hace mapas, en el cual se explora primeramente el terreno y se toma nota. Luego se observan las posibles rutas y luego se elige una. Para esto se requiere una estructura organizadora, esto lo da el pensamiento de sombrero azul. También permite definir el problema, enfocar el tema y elabora las preguntas. A veces todo el problema está en la capacidad de enfoque. Es responsable de la síntesis, la visión global y las conclusiones durante el curso del pensamiento o al final del mismo. Aún cuando se asigne a una persona, el rol específico del pensamiento de sombrero azul (que por lo general es el jefe), este rol está abierto a cualquiera que desee proponer comentarios o sugerencias de sombrero azul. Mas también esta organización tenía que ser terrible; esta vez no en lucha con la bestia, sino con el concepto antitético, el hombre no “criado” y formado, el hombre-mezcolanza, el tshandala. Y a su vez, no disponía de otro medio de quitarle su peligrosidad, de debilitarlo, que el de enfermarla; tal era la lucha con el “gran número”. Sin embargo, es posible que no haya nada tan contrario a nuestro sentir como las medidas preventivas de la moral india. El tercer edicto, por ejemplo (Avadana-Sastra I), el “de las legumbres impuras”, ordena que el único alimento permitido a los tshandalas es el ajo y la cebolla, toda vez que la Sagrada Escritura prohibe darles granos ni frutos que contengan granos, ni tampoco agua y fuego. El mismo edicto estipula que el agua que necesitan no debe ser extraída de los ríos, fuentes ni lagos, sino únicamente de los accesos a los pantanos y de los hoyos originados por las pisadas de los animales. Se les prohibe, asimismo, lavar su ropa, y aun lavarse a sí mismos, toda vez que el agua que se les concede como un favor sólo debe servir para apagar la sed. Prohíbese, por último, a las mújeres sudras asistir a las mujeres tshandalas que dan a luz, así como a éstas asistirse entre sí... No se hizo esperar el resultado de tal reglamentación sanitaria epidemias mortíferas, asquerosas enfermedades venéreas, y luego, como reacción, la “ley del cuchillo”, ordenando la circuncisión de los varones y la extirpación de los labios pequeños de la vulva en las niñas. El propio Manú dice: “los tshandalas son el fruto del adulterio, incesto y crimen” (tal es la consecuencia necesaria del concepto “cría”). Toda su indumentaria debe reducirse a andrajos tomados de los cadáveres, su vajilla, a ollas rotas, su adorno, a hierro viejo, y su culto, al de los espíritus del mal; deben vagar sin hallar paz en ninguna parte. Se les prohibe escribir de izquierda a derecha y servirse para escribir de la diestra, lo cual está reservado a los virtuosos, a las “personas de raza”. Estas disposiciones son harto instructivas; en ellas se da la humanidad aria en toda su pureza y originalidad; puede verse que el concepto “sangre pura” es todo lo contrario de un concepto inofensivo. Resulta claro, por otra parte, en qué pueblo se ha perpetuado el odio, el odio tshandala, a esta “humanidad”; dónde este odio se ha hecho religión, genio... Desde este punto de vista, los Evangelios, y, sobre todo, el Libro de Enoch, constituyen un documento de primer orden. El cristianismo, de raíz judía y sólo comprensible como planta crecida en este suelo, representa la reacción a toda moral de casta, raza y privilegio; es la religión antiaria por excelencia. Significa el cristianismo la transmutación de todos los valores arios, el triunfo de los valores tshandalas; el evangelio predicado a los pobres y humildes, la sublevación total de todos los oprimidos, miserables, malogrados y desheredados contra la “raza”; la inmortal venganza tshandala como religión -del amor... Mi noción de la libertad. A veces el valor de una cosa no reside en lo que con ella se consigue, sino en lo que por ella se paga, en lo que nos cuesta. Consignaré un ejemplo. Las instituciones liberales, una vez impuestas dejan de ser pronto liberales; posteriormente, nada daña en forma tan grave y radical la libertad como las instituciones liberales. Sabidos son sus efectos: socavan la voluntad de poder, son la nivelación de montaña y valle elevada al plano cie la moral, empequeñecen y llevan a la pusilanimidad y a la molicie; con ellas triunfa siempre el hombrerebaño. El liberalismo significa el desarrollo del hombre-rebaño... Las mismas instituciones, mientras se brega por ellas, producen muy otros efectos; entonces promueven, en efecto, poderosamente la libertad. Bien mirado, es la guerra la que produce estos efectos; la guerra librada por instituciones liberales, que como guerra perpetúa los instintos antiliberales. Y la guerra educa para la libertad. Pues ¿qué significa libertad? Que se tiene la voluntad de responsabilidad personal. Que se mantiene la distancia jerárquica que diferencia. Que se llega a ser más indiferente hacia la penuria, la dureza, la privación y aun hacia la vida. Que se está pronto a sacrificar en aras de su causa vidas humanas, la propia inclusive. Significa la libertad que los instintos viriles, guerreros y triunfantes privan sobre otros instintos, por ejemplo, los de la “felicidad”. El hombre libertado, y, sobre todo, el espíritu libertado, pisotea el despreciable bienestar con que sueñan mercachifles, cristianos, vacas, mujeres, ingleses y demás demócratas. El hombre libre es un guerrero. ¿Cuál es el criterio de la libertad en los individuos y los pueblos? La resistencia que es preciso superar, el esfuerzo que demanda el mantenerse arriba. El tipo más alto de hombres libres debiera buscarse allí donde continuamente se supera la resistencia más grande a dos pasos de la tiranía, a un tris del trance de caer en la servidumbre. Esto es sicológicamente cierto si aquí se entiende por los “tiranos” instintos implacables y terribles que desafían contra sí el maximum de autoridad y disciplina: el tipo más hermoso es Julio César, y es también políticamente cierto, como lo prueba la historia. Ningún pueblo importante que llegó a ser un pueblo de valía, llegó a serlo bajo instituciones liberales; el grave peligro hizo de él algo dignó de veneración: el peligro que nos da la noción de nuestros recursos, nuestras virtudes, nuestras armas, nuestro espíritus que nos obliga, en suma, a ser fuertes... Primer axioma: hay que estar obligado a ser fuerte o si no, no se lo es nunca. Esos grandes semilleros del hombre fuerte, del tipo humano más fuerte que se ha dado jamás, las comunidades aristocráticas al estilo de Roma y Venecia, entendían la libertad exactamente en el sentido en que yo entiendo la palabra “libertad”: como algo que se tiene y no se tiene, que se quiere, que se conquista... La cuestión obrera. La estupidez, en el fondo; la degeneración de los instintos, que hoy día es la causa de todas las estupideces, reside en que exista una cuestión obrera. Hay cosas de las que no se hace cuestión: imperativo primordial del instinto. Yo no veo en absoluto qué quiere hacerse con el obrero europeo, una vez que se le ha convertido en cuestión. Se encuentra en una situación demasiado ventajosa como para no plantear su cuestión de una maner=a cada vez más categórica e imperiosa. Cuenta, en definitiva, con la ventaja de la superioridad numérica. Se ha desvanecido por completo la esperanza de que en el obrero se cristalice como clase un tipo humano modesto y que se baste a él mismo, lo cual hubiera tenido sentido, pues resultâuu francamente necesario. ¿Qué se ha hecho? Se ha hecho todo por matar en germen hasta la idea de tal evolución; por obra de la más irresponsable despreocupación y ligereza se ha causado la destrucción total de los instintos, gracias a los cuales el obrero es factible, factible para sí mismo, como clase. Se ha desarrollado en el obrero la capacidad militar, se le ha acordado el derecho de coalición, el sufragio; no es de extrañar así que el obrero sienta en realidad su existencia como un apremio (moralmente hablando, como una injusticia). ¿Qué es lo que, en definitiva, se quiere? Si se intenta un fin, hay que procurar también los medios conducentes a su logro; si se quiere esclavos, es una locura educarlos para amos. Este libro pertenece a los menos. Tal vez no viva todavía ninguno de ellos. Serán sin duda, los que comprendan mi Zaratustra: ¿cómo me será lícito confundirme a mí mismo con aquellos a quiénes ya hoy se les hace caso? - Tan sólo el pasado mañana me pertenece. Algunos nacen de manera póstuma. Las condiciones en las que se me comprende, y luego se me comprende por necesidad, - yo las conozco muy exactamente. Hay que ser honesto hasta la dureza en cosas del espíritu incluso para soportar simplemente mi seriedad, mi pasión. Hay que estar entrenado en vivir sobre las montañas - en ver por debajo de sí la miserable charlatanería actual acerca de la política y del egoísmo de los pueblos. Hay que haberse vuelto indiferente, hay que no preguntar jamás si la verdad es útil, si se convierte en una fatalidad para alguien... Una predilección de la fuerza por problemas para los que hoy nadie tiene valor; el valor de lo prohibido; la predestinación al laberinto. Un experiencia hecha de siete soledades. Oídos nuevos para una música nueva. Ojos nuevos para lo más lejano. Una conciencia nueva para verdades que hasta ahora han permanecido mudas. Y la voluntad de economía de gran estilo: guardar junta la fuerza propia, el entusiasmo propio... El respeto a sí mismo; el amor a sí mismo; la libertad incondicional frente a sí mismo... ¡Pues bien! Sólo ésos son mis lectores, mis verdaderos lectores, mis lectores predestinados: ¿qué importa el resto? - El resto es simplemente la humanidad. - Hay que ser superior a la humanidad por fuerza, por altura de alma, - por desprecio... Mirémonos a la cara. Nosotros somos hiperbóreos, -sabemos muy bien cuán aparte vivimos. “Ni por tierra ni por agua encontrarás el camino que conduce a los hiperbóreos”; ya Píndaro supo esto de nosotros. Más allá del norte, del hielo, de la muerte - nuestra vida, nuestra felicidad... Nosotros hemos descubierto la felicidad, nosotros sabemos el camino, nosotros encontramos la salida de milenios enteros de laberinto. ¿Qué otro la ha encontrado? - Acaso el hombre moderno? “Yo no sé qué hacer; yo soy todo eso que no sabe qué hacer” - suspira el hombre moderno. De esa modernidad hemos estado enfermos, - de paz ambigua, de compromiso cobarde, de toda la virtuosa suciedad propia del sí y el no modernos. Esa tolerancia y largeur de corazón que “perdona” todo porque “comprende” todo es scirocco para nosotros. ¡Preferible vivir en medio del hielo que entre virtudes modernas y otros vientos del sur!... Nosotros fuimos suficientemente valientes, no tuvimos indulgencia ni con nosotros ni con los demás; pero durante largo tiempo no supimos a dónde ir con nuestra valentía. Nos volvimos sombríos, se nos llamó fatalistas. Nuestro fatum - era la plenitud, la tensión, la retención de las fuerzas. Estábamos sedientos de rayo y de acciones, permanecíamos lo más lejos posible de la felicidad de los débiles, de la “resignación”... Había en nuestro aire una tempestad, la naturaleza que nosotros somos se entenebrecía - pues no teníamos ningún camino. Fórmula de nuestra felicidad; un sí, un no, un línea recta, una meta...
Estar muy puesto en un tema.
Una parte de los medios de trabajo, incluyendo en ella las condiciones generales de trabajo, se incorpora y adhiere unas veces localmente, al entrar como medio de trabajo en el proceso de producción o al ponerse en acción para realizar la función productiva, como ocurre, por ejemplo, con las máquinas. Otras veces, se produce de antemano bajo esta forma vinculada localmente, como sucede, v. gr., con las mejoras de la tierra, los edificios fabriles, los altos hornos, los canales, los ferrocarriles, etc. La vinculación constante del medio de trabajo al proceso de producción dentro del cual debe actuar se halla condicionado aquí, al mismo tiempo, por su modalidad material. Y, por otra parte, puede ocurrir que un medio de trabajo cambie físicamente de lugar a cada paso y, sin embargo, se encuentre constantemente dentro del proceso de producción, que es el caso de las locomotoras, los barcos, el ganado de labor, etc. La inmovilidad no le da, en un caso, el carácter del capital fijo ni la movilidad se lo quita en el otro. Sin embargo, el hecho de que los medios de trabajo se hallen vinculados localmente, adheridos con sus raíces a la tierra, asigna a esta parte del capital fijo una función especial en la economía de las naciones. Estos objetos no pueden ser enviados al extranjero ni circular como mercancías en el mercado mundial. Los títulos de propiedad sobre este capital fijo pueden cambiar de mano, comprarse y venderse y circular, así, de un modo ideal. Puede incluso, ocurrir que estos títulos de propiedad circulen en mercados extranjeros, por ejemplo en forma de acciones. Pero el cambio de las personas propietarias de este tipo de capital fijo no hace cambiar la proporción existente entre la parte materialmente fija de la riqueza de un país y su parte móvil.2 Relax Barcelona Sin embargo, la permanencia del capital–dinero en su estado de dinero aparece en ambos casos como el resultado de un movimiento interrumpido, ya sea con arreglo a su fin o en contra de él, voluntaria o involuntariamente, conforme a su función o en contra de ella. Relax BCN se interrumpe en P, donde las mercancías T y Mp, compradas en el mercado, se consumen como los elementos materiales y el valor del capital productivo; el producto de este consumo es una nueva mercancía, M´, transformada en cuanto a materia y en cuanto a valor. El proceso de circulación interrumpido, D–M, necesita ser complementado por el proceso M–D. Pero, como exponente de esta segunda y definitiva fase de la circulación, aparece M', una mercancía diferente en cuanto a la materia y en cuanto a valor de la primera, M. Por tanto, la serie de la circulación puede representarse así: 1) D–M1; 2) M'2–D', donde, en la segunda fase, la primera mercancía, M'1, es sustituida por otra, M'2, de valor superior y de forma útil distinta durante la interrupción determinada por la función de P, o sea, la producción de M' con los elementos de M, modalidades del capital productivo P. En cambio, la primera forma en que se nos manifestaba el capital (libro I, cap. IV, 1, pp. 110 118), D–M–D' (descompuesta así: 1) D–M1; 2) M1–D'), nos presenta dos veces la misma mercancía. Es, ambas veces, la misma mercancía, en la que se convierte el dinero en la primera fase y que en la segunda fase vuelve a convertirse en una cantidad mayor de dinero. A pesar de esta diferencia esencial, ambas circulaciones tienen de común el que en su primera fase el dinero se convierte en mercancía y en la segunda fase la mercancía en dinero, con lo cual el dinero invertido en la primera fase revierte, por tanto, en la segunda. De una parte, tienen de común esta reversión del dinero a su punto de partida; de otra parte, las identifica también el excedente de dinero que revierte sobre el dinero anticipado. En este sentido, la fórmula D–M... M'–D' se contiene también en la fórmula general D–M–D'. Relax Pero las metamorfosis M – D y D – M son operaciones que se desarrollan entre el comprador y el vendedor; éstos necesitan tiempo para ponerse de acuerdo, tanto más cuanto que se trata de una lucha en que cada cual trata de lucrar a costa del otro, y cuando dos hombres de negocios se enfrentan, ya se sabe: “when Greek meets Greek then comes the tug of war”. (2) Este cambio de forma supone tiempo y trabajo, pero no para crear valor, sino simplemente para transferirlo de una forma a otra, sin que una cosa cambie por el hecho de que ambas partes intenten mutuamente apropiarse, en esta operación, una cantidad adicional de valor. Este trabajo, acrecentado por las intenciones malignas de las dos partes, no crea ningún valor, del mismo modo que el trabajo invertido en un proceso judicial no aumenta en lo más mínimo la magnitud del valor del objeto litigioso. Acontece con este trabajo –que representa una fase necesaria del proceso capitalista de producción en su totalidad, proceso que incluye también la circulación o va implícito en ella– algo parecido a lo que ocurre con el trabajo de combustión de una materia empleada para producir calor. El trabajo de combustión, a pesar de representar una fase necesaria del proceso de combustión, no produce calor alguno. Así, por ejemplo, si quiero emplear carbón como combustible, tengo que combinarlo con oxígeno, convirtiéndolo para ello de su estado sólido en el estado gaseiforme (pues en el anhídrido carbónico, resultado de la combustión, el carbón aparece en forma de gas); es decir, operando un cambio físico de forma o modalidad de existencia del mismo cuerpo. La separación de las moléculas de carbono, que forma un todo sólido, y la disgregación de estas moléculas en sus átomos tiene necesariamente que preceder a la nueva combinación, y ello supone un cierto gasto de energía que no se transforma en calor, sino que hay que descontar de éste. Por tanto, si los poseedores de mercancías no son capitalistas, sino productores directos que trabajan por cuenta propia, el tiempo que inviertan en comprar o vender deberá descontarse de su tiempo de trabajo, razón por la cual estos operarios procuran siempre [tanto en la Antigüedad como en la Edad Media] realizar tales operaciones los domingos y días festivos. Prostitutas Barcelona Para el capitalista que hace trabajar a otros a su servicio, la compra y la venta constituyen una función fundamental. Como se apropia en una gran escala social el producto de muchos, tiene que vender también este producto en las mismas proporciones, y luego volver a convertir el dinero en los elementos de producción. Pero, el tiempo empleado en la compra y en la venta no crea tampoco en este caso ningún valor. La función del capital comercial suscita aquí cierta ilusión. Sin embargo, aun sin entrar por ahora en detalles, es evidente, desde luego, que aunque por efecto de la división del trabajo una función que, siendo de suyo improductiva, constituye una fase necesaria en el proceso de la reproducción, se convierta de una operación accesoria realizada por muchos en operación exclusiva de unos cuantos, en incumbencia específica de éstos, no cambia para nada, de por sí, el carácter de la función. Puede ocurrir que un comerciante (considerado aquí como simple agente encargado de hacer cambiar de forma las mercancías, como simple comprador y vendedor) acorte, con sus operaciones, el tiempo de compra y venta de muchos productores. En este caso, habrá que considerarlo como una máquina destinada a reducir un gasto inútil de fuerzas, ayudando a dejarlas libres para emplearlas en el proceso de producción .2 Escorts independientes Madrid Las circunstancias que introducen diferencias en la proporción entre el capital variable desembolsado y el empleado sólo influyen en la producción de plusvalía –partiendo de una cuota dada de ésta– en la medida en que establecen por medio de ellas diferencias con respecto a la cantidad del capital variable que pueda emplearse realmente en un determinado período de tiempo, por ejemplo en 1 semana, en 5 semanas, etc. El capital variable desembolsado sólo funciona como capital variable durante el tiempo en que realmente se le emplea, pero no mientras se halla, aunque ya desembolsado, en reserva para ser empleado en el momento oportuno. Sin embargo, todas las circunstancias que diferencian la relación entre el capital variable desembolsado y el capital variable empleado se resumen en la diferencia de los períodos de rotación (determinada por la diferencia en cuanto al período de trabajo, en cuanto al período de circulación o en cuanto a ambos). La ley de la producción de plusvalía es que, a igual cuota de plusvalía, masas iguales de capital variable en acción producen masas iguales de plusvalía. Si, por tanto, los capitales A y B emplean, en el mismo período, de tiempo y con la misma cuota de plusvalía, masas iguales de capital variable, producirán necesariamente en el mismo espacio de tiempo masas iguales de plusvalía, por mucho que difiera la proporción entre este capital variable empleado en determinados períodos de tiempo y el capital variable desembolsado durante el mismo tiempo y por mucho que difiera también, por tanto, la proporción entre las masas de plusvalía producidas y el capital variable, no empleado, sino simplemente desembolsado. Las diferencias que afectan a esta proporción, en vez de contradecir las leyes expuestas acerca de la producción de plusvalía, lo que hacen es confirmarlas y son una consecuencia inexcusable de ellas. www.girlsvalencia.com La fórmula M'... M' es la que sirve de base al Tableau économique de Quesnay, y el hecho de haber elegido esta fórmula y no la de P... P, por oposición a la fórmula D... D' (fórmula aislada sobre la que se construye el sistema mercantilista) indica el grande y certero tacto con que aquellos economistas procedían. Barcelona relax y compañía Es ley general de la producción de mercancías, como más arriba hemos dicho, la de que la productividad del trabajo y su creación de valor se hallan en razón inversa. Esta ley es aplicable a todas las industrias, incluyendo la del transporte. Cuanto menor es la cantidad de trabajo, muerto y vivo, que reclama el transporte de la mercancía para una distancia dada, mayor es la productividad del trabajo, y viceversa.9 Prostitutas de lujo en Navarra En M'... M’, la producción presupone la existencia de capital en forma de mercancías; y este capital reaparece como premisa dentro del mismo ciclo, en la segunda M. Si esta M no se ha producido o reproducido aún, el ciclo se interrumpe; es necesario que esta M se reproduzca, en su mayor parte, como M' de otro capital industrial. En este ciclo, M' existe como punto de partida, punto de transición y punto final del movimiento: aparece, por tanto, constantemente. Es condición constante del proceso de reproducción. masajes eróticos Barcelona En efecto, en la, realidad el capital II no tiene ningún período de trabajo y circulación especial, independiente del capital I. El período de trabajo es de 6 semanas, el de circulación de 3. Como el capital II sólo es de 300 libras esterlinas, sólo puede llenar parte de un período de trabajo. Así es, en efecto. Al final de la 6ª semana entra en circulación un valor en productos de 600 libras esterlinas, que refluye en dinero al final de la 9ª semana. Con ello, entra en funcionas, al comenzar la semana 7ª, el capital II, que cubre las necesidades del siguiente período de trabajo, durante las semanas 7–9. Ahora bien, según la hipótesis de que partimos, al final de la semana 9ª sólo se ha recorrido la mitad del proceso de trabajo. Por tanto, al comenzar la semana 10ª volverá a entrar en actividad el capital I de 600 libras esterlinas recién recuperado, cubriendo con 300 libras los gastos necesarios para las semanas 10–12. Con ello, se liquidará el segundo período de trabajo. El valor en productos de 600 libras esterlinas que se halla en circulación refluirá al final de la semana 15ª; al mismo tiempo, quedarán libres 300 libras esterlinas, importe del primitivo capital II, que podrán funcionar en la primera mitad del siguiente período de trabajo, es decir, en las semanas 13–15. Transcurrido este período, volverán a refluir las 600 libras; de ellas, 300 alcanzarán hasta el final del período de trabajo y las 300 libras restantes quedarán disponibles para el período siguiente. Madrid saunas El hecho de que el almacenamiento sea voluntario o involuntario, es decir, de que el productor de mercancías las almacene intencionalmente o se vea obligado a hacerlo por la resistencia que las mismas condiciones del proceso de circulación oponen a su venta, no parece que altere para nada la esencia del problema. Sin embargo, conviene saber, para los efectos de su solución, en qué se distingue el almacenamiento voluntario del involuntario. La formación involuntaria de stocks obedece o es idéntica a un estancamiento de la circulación independiente de los planes del productor de mercancías y que viene a interponerse ante su voluntad. ¿Qué caracteriza, en cambio, el almacenamiento voluntario de mercancías? El vendedor procura siempre deshacerse lo más rápidamente posible de su mercancía. Ofrece siempre en venta como mercancía su producto. Si lo sustrajese a la venta, éste sólo sería elemento potencial, (no efectivo) de almacenamiento. Para él, la mercancía sigue siendo simplemente el exponente de su valor de cambio, y sólo puede actuar como tal abandonando su forma de mercancía para revestir la forma de dinero. francés completo barcelona El acto M'–D' sólo presupone, tanto para la continuación del ciclo del valor capital como para el consumo de la plusvalía por el capitalista, que M' se convierta en dinero, se venda. Si se compra, sólo es, naturalmente, porque el artículo es un valor de uso, apto por tanto para un consumo de cualquier clase, sea productivo o individual. Pero si M' sigue circulando, por ejemplo, en manos del comerciante que ha comprado el hilo, esto, por el momento, no afecta para nada a la continuación del ciclo del capital individual que ha producido el hilo y se lo ha vendido al comerciante. El proceso sigue su curso en su totalidad, y con él el consumo individual de capitalista y obrero por él condicionado. Este punto es importante para el estudio de las crisis. prostituta española
Morderse la lengua.
Cuando la duración del período de trabajo obedece a la magnitud de las entregas (a la cantidad de producto que se lanza como norma general al mercado), esto tiene un carácter convencional. Pero lo convencional, a su vez, descansa en una base material, que es la escala de la producción, razón por la cual sólo en detalle puede considerarse como algo fortuito. barcelona saunas Ahora, fijémonos en otra industria donde se empleen materias primas que formen la sustancia del producto, y además materiales auxiliares, que entren a formar parte del producto, y no sólo en cuanto a su valor, como ocurre por ejemplo con el carbón empleado como combustible. Al cambiar de mano el producto, el hilado por ejemplo, cambia también la materia prima, el algodón, de que está formado, y pasa del proceso de producción al proceso de consumo. Pero, mientras el algodón funciona como elemento del capital productivo, su propietario no lo vende, sino que lo elabora, lo emplea para producir hilado. No sale de sus manos. O, para emplear la expresión burdamente falsa y vulgar de A. Smith, no obtiene una ganancia by parting aith it, by its changing masters, or by circulating it ( 13). No pone en circulación sus materiales, como tampoco pone sus máquinas. Están vinculados al proceso de producción, ni más ni menos que las máquinas de hilar y los edificios fabriles. Además, una parte del capital productivo tiene que fijarse constantemente en forma de carbón, algodón, etc., lo mismo que en forma de medios de trabajo. La diferencia sólo está en que la cantidad de algodón, de carbón, etc., necesaria para la producción semanal, supongamos, de hilado se consume constantemente en su integridad para la producción del producto semanal, necesitando, por tanto, reponerse mediante nuevas cantidades de carbón, algodón, etc.; es decir, en que estos elementos del capital productivo, a pesar de permanecer idénticos en cuanto a la clase, se hallan formados constantemente por nuevos ejemplares de la misma clase, y, en cambio, la misma máquina individual de hilar, el mismo edificio fabril individual continúa cooperando en toda una serie de producciones semanales sin necesidad de ser repuestos por otros ejemplares del mismo tipo. Como elementos del capital productivo, todas las partes integrantes de éste se hallan vinculadas constantemente al proceso de producción, el cual no puede desarrollarse sin ellas. Y todos los elementos del capital productivo, los fijos y los circulantes, se enfrentan por igual, como capital productivo, los fijos y los circulantes, se enfrentan por igual, como capital productivo, al capital de circulación, es decir, al capital–mercancias y al capital–dinero. Chicas compañía Barcelona 2° Pero en A. Smith nos encontramos también con la idea fisiocrática, a pesar de hallarse en contradicción con la parte esotérica –con la parte realmente científica– de su propia argumentación. girlsbcn Vino luego, en 1860, el Mines' Inspection Act por el cual se sometían las minas a la inspección de funcionarios públicos nombrados al efecto y se disponía que no pudiesen trabajar en ellas muchachos de edad de 10 a 12 años que no tuvieran un certificado escolar o asistieran a la escuela durante cierto número de horas. Esta ley se quedó en letra muerta, por el número ridículamente pequeño de los inspectores nombrados, sus escasas facultades y otra serie de causas que iremos viendo en detalle. azafata de compañía Sin embargo, aun en este caso, la producción mayor de plusvalía tiene su fuente en la reducción del tiempo de trabajo necesario y en la consiguiente prolongación del trabajo excedente.4 Suponemos que el tiempo de trabajo necesario son 10 horas, el valor de un día de fuerza de trabajo 5 chelines, el trabajo excedente 2 horas y, por tanto, la plusvalía producida durante un día 1 chelín. Pero téngase en cuenta que nuestro capitalista produce ahora 24 piezas. que vende a razón de 10 peniques cada una o de 20 chelines en total. Como el valor de los medios de producción es de 12 chelines, tenemos que de las piezas vendidas hacen falta 14 2/5; para reponer el capital constante desembolsado. La jornada de trabajo de 12 horas viene a traducirse en las 9 3/5 piezas restantes. Y como el precio de la fuerza de trabajo es de 5 chelines, resultará que, de estas piezas, 6 representan el tiempo de trabajo necesario y 3 3/5 el trabajo excedente. Es decir, que la proporción entre el trabajo necesario y el trabajo excedente, que en condiciones sociales medias era de 5:1 es ahora de 5:3. Al mismo resultado se llega por el camino siguiente. El valor del producto de la jornada de trabajo de 12 horas es de 20 chelines. De ellos, 12 chelines corresponden al valor de los medios de producción, valor que se limita a reaparecer en el producto. Quedan, por tanto, 8 chelines como expresión en dinero del valor en que se traduce la jornada de trabajo. Esta expresión en dinero rebasa la expresión en dinero del trabajo social medio de la misma clase, puesto que 12 horas de éste sólo se traducen en 6 chelines. El trabajo, cuando su fuerza productiva es excepcional, actúa como trabajo potenciado, creando en el mismo espacio de tiempo valores mayores que el trabajo social medio de la misma clase. Sin embargo, nuestro capitalista sigue calculando los mismos 5 chelines de antes por el valor de un día de fuerza de trabajo. Por tanto, el obrero sólo necesita, para reproducir este valor, que antes le costaba 10 horas, 7 1/5. Es decir, que su trabajo excedente es ahora 2 4/5 horas mayor y la plusvalía que produce aumenta de 1 chelín a 3. Esto permite al capitalista que aplica métodos de producción perfeccionados apropiarse en forma de trabajo excedente una parte mayor de la jornada en comparación con los demás capitalistas de la misma rama industrial. Hace individualmente lo mismo que hace en grande y en conjunto el capital en la producción de la plusvalía relativa. Pero esta plusvalía extraordinaria desaparece tan pronto como el nuevo método de producción se generaliza, borrándose con ello la diferencia entre el valor individual de las mercancías producidas en condiciones de mayor baratura y su valor social. La misma ley de la determinación del valor por el tiempo de trabajo, que los capitalistas dotados de métodos nuevos perciben en el hecho de poder vender sus mercancías por menos de su valor social, obliga a sus competidores, por la fuerza de la concurrencia, a implantar los nuevos métodos de producción.5 Como se ve, todo este proceso sólo afecta a la cuota general de plusvalía cuando la intensificación de la fuerza productiva del trabajo abarata aquellas ramas de producción y aquellas mercancías que figuran entre los medios de sustento necesarios influyendo, por tanto, en el valor de la fuerza de trabajo. www.escortmadrid.com.es Marx no ha tenido la suerte de poder corregir para la imprenta la tercera edición de su obra. Aquel formidable pensador ante cuya grandeza se inclinan ahora hasta sus propios enemigos, murió el 14 de marzo de 1883. Acompañantes Madrid Lo que ante todo interesa prácticamente a los que cambian unos productos por otros, es saber cuántos productos ajenos obtendrán por el suyo propio, es decir, en qué proporciones se cambiarán unos productos por otros. Tan pronto como estas proporciones cobran, por la fuerza de la costumbre, cierta fijeza, parece como si brotasen de la propia naturaleza inherente a los productos del trabajo; como si, por ejemplo, 1 tonelada de hierro encerrase el mismo valor que 2 onzas de oro, del mismo modo que 1 libra de oro y 1 libra de hierro encierran un peso igual, no obstante sus distintas propiedades físicas y químicas. En realidad, el carácter de valor de los productos del trabajo sólo se consolida al funcionar como magnitudes de valor. Estas cambian constantemente, sin que en ello intervengan la voluntad, el conocimiento previo ni los actos de las personas entre quienes se realiza el cambio. Su propio movimiento social cobra a sus ojos la forma de un movimiento de cosas bajo cuyo control están, en vez de ser ellos quienes las controlen. Y hace falta que la producción de mercancías se desarrolle en toda su integridad, para que de la propia experiencia nazca la conciencia científica de que los trabajos privados que se realizan independientemente los unos de los otros, aunque guarden entre sí y en todos sus aspectos una relación de mutua interdependencia, como eslabones elementales que son de la división social del trabajo, pueden reducirse constantemente a su grado de proporción social, porque en las proporciones fortuitas y sin cesar oscilantes de cambio de sus productos se impone siempre como ley natural reguladora el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción, al modo como se impone la ley de la gravedad cuando se le cae a uno la casa encima.31 La determinación de la magnitud de valor por el tiempo de trabajo es, por tanto, el secreto que se esconde detrás de las oscilaciones aparentes de los valores relativos de las mercancías. El descubrimiento de este secreto destruye la apariencia de la determinación puramente casual de las magnitudes de valor de los productos del trabajo, pero no destruye, ni mucho menos, su forma material.
La forma directa de la circulación de mercancías es M – D – M, o sea, transformación de la mercancía en dinero y de éste nuevamente en mercancía: vender para comprar. Pero, al lado de esta forma, nos encontramos con otra, específicamente distinta de ella, con la forma D – M – D, o sea, transformación del dinero en mercancía y de ésta nuevamente en dinero: comprar para vender. Acompañantes high standing La reflexión acerca de las formas de la vida humana, incluyendo por tanto el análisis científico de ésta, sigue en general un camino opuesto al curso real de las cosas. Comienza post festum y arranca, por tanto, de los resultados preestablecidos del proceso histórico. Las formas que convierten a los productos del trabajo en mercancías y que, como es natural, presuponen la circulación de éstas, poseen ya la firmeza de formas naturales de la vida social antes de que los hombres se esfuercen por explicarse, no el carácter histórico de estas formas, que consideran ya algo inmutable, sino su contenido. Así se comprende que fuese simplemente el análisis de los precios de las mercancías lo que llevó a los hombres a investigar la determinación de la magnitud del valor, y la expresión colectiva en dinero de las mercancías lo que les movió a fijar su carácter valorativo. Pero esta forma acabada del mundo de las mercancías –la forma dinero –, lejos de revelar el carácter social de los trabajos privados y, por tanto, las relaciones sociales entre los productores privados, lo que hace es encubrirlas. Si digo que la levita, las botas, etc., se refieren al lienzo como a la materialización general de trabajo humano abstracto, enseguida salta a la vista lo absurdo de este modo de expresarse. Y sin embargo, cuando los productores de levitas, botas, etc., refieren estas mercancías al lienzo –o al oro y la plata, que para el caso es lo mismo – como equivalente general, refieren sus trabajos privados al trabajo social colectivo bajo la misma forma absurda y disparatada. escorts barcelona Finalmente, el aumento extraordinario de fuerza productiva en las esferas de la gran industria, acompañado, como lo está, de una explotación cada vez más intensiva y extensa de la fuerza de trabajo en todas las demás ramas de la producción, permite emplear improductivamente a una parte cada vez mayor de la clase obrera, reproduciendo así, principalmente, en una escala cada vez más intensa, bajo el nombre de "clase doméstica", la categoría de los antiguos esclavos familiares: criados, doncellas, lacayos, etc. En el censo de 1861, la población total de Inglaterra y Gales ascendía a 20.066,244 personas, de ellas 9.776,259 hombres y 10.289,965 mujeres. Descontando de esta cifra todas las personas capacitadas por su edad para trabajar, las "mujeres improductivas", los muchachos y los niños, las profesiones "ideológicas", tales como el gobierno, el clero, las gentes de leyes, los militares, etc., todos aquellos cuyo oficio se reduce a vivir del trabajo ajeno en forma de rentas, intereses, etc., y, finalmente, los mendigos, los vagabundos, los criminales, etc. quedan, en números redondos, unos 8 millones de personas de ambos sexos y de todas las edades, incluyendo entre ellas a todos los capitalistas que intervienen de algún modo en la producción, el comercio, la finanza, etc. Estos 8 millones de personas se distribuyen del modo siguiente: BCN Box En la circulación M – D – M, el dinero acaba siempre convirtiéndose en una mercancía, empleada como valor de uso. Por tanto, aquí, el dinero se gasta definitivamente. En cambio, en la forma opuesta, D – M – D, el comprador sólo desembolsa dinero para volver a embolsarlo como vendedor. Al comprar la mercancía, lanza a la circulación dinero, para volver a retirarlo de ella vendiendo la mercancía que compró. Sólo se desprende del dinero con la intención premeditada de volver a apoderarse de él. No hace, por tanto, más que adelantarlo.3 papeleria corporativa El lace finishing se explota como trabajo a domicilio, bien en las llamadas “Mistresses Houses”, bien por mujeres que trabajan en sus propias casas ellas solas o con sus niños. Las mujeres que regentean “Mistresses Houses” son también pobres. El local de trabajo forma parte de su vivienda. Estas mujeres reciben encargos de los fabricantes, dueños de bazares, etc., y emplean a un número de mujeres, muchachas y niños pequeños, que varía según las proporciones de su cuarto y las fluctuaciones de la demanda. En unos locales, el número de obreras empleadas oscila entre 20 y 40; en otros, entre 10 y 20. La edad mínima en que comienzan a trabajar los niños es, por término medio, la de 6 años, si bien hay algunos menores de 5. La jornada normal de trabajo dura desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche, con 1 ½ horas para las comidas, las cuales no son nunca fijas y se hacen no pocas veces en los mismos tugurios malolientes en que se trabaja. Cuando el negocio marcha bien, el trabajo dura, a veces desde las 8 (y a temporadas, desde las 6) de la mañana hasta las 10, las 11 o las 12 de la noche. En los cuarteles de Inglaterra, el espacio reglamentario que debe reservarse a cada soldado es de 500 a 600 pies cúbicos, y en los lazaretos militares de 1,200. En estos tugurios en que trabajan las puntilleras, tocan a unos 67 a 100 pies cúbicos por persona. Además, la luz de gas absorbe el oxígeno del aire. Para no manchar las puntillas, es frecuente que se obligue a los niños a descalzarse, aun en pleno invierno, en cuartos en que el piso es de piedra o de ladrillos. “No es nada extraordinario encontrar en Nottingham a 14, a 20 niños, comprimidos en un cuartucho que acaso no tiene más que 12 pies cuadrados, consagrados 15 horas de las 24 que trae el día a un trabajo que es ya agotador de por sí por su aburrimiento y monotonía, y además en las condiciones más malsanas que puedan imaginarse... Hasta los niños más pequeños trabajan con una concentración y una celeridad asombrosas, sin dar jamás descanso a sus dedos ni amortiguar sus movimientos. Si se les habla, no levantan la vista de la labor, por miedo a perder un minuto de trabajo.” El “palo largo” sirve a las “Místresses” como estímulo, administrado en la proporción en que la jornada de trabajo se alarga. “Los niños van agotándose poco a poco y se convierten en seres desasosegados como los pájaros, conforme va acercándose el término de su largo encadenamiento a una faena monótona, mortífera para los ojos, agotadora por la posición constante en que hay que mantener el cuerpo. Es un verdadero trabajo de esclavos.” (“Their work is like slavery.”) 174 Y la situación es peor todavía, sí cabe, cuando las mujeres trabajan con sus niños en casa, entendido esto en sentido moderno, es decir, en un cuarto arrendado, que no pocas veces es un cuartucho en una buhardilla. Esta clase de trabajos se dan a domicilio, a 80 millas en la periferia de Nottingham. Cuando el muchacho, después de trabajar en el bazar todo el día, se marcha a su casa a las 9 o las 10 de la noche, le entregan, no pocas veces, un hatillo con labor para que la termine en su domicilio. Claro está que el fariseo capitalista, representado por uno de sus siervos asalariados, acompaña el encargo con la frase untuosa de “esto para tu madre”, pero sabe sobradamente que el pobre chico tendrá que sentarse también a ayudar, después de haber hecho una jornada entera de trabajo.”175 bares de copas en alicante Como se ve, en este ambiente, la creación de plusvalía por el trabajo excedente no guarda ningún secreto. "Autoríceme usted –me dijo un fabricante muy respetable– para hacer trabajar a mis obreros 10 minutos diarios de más, y me meterá usted en el bolsillo 1,000 libras esterlinas al cabo del año."28 "Los átomos del tiempo son los elementos creadores de la ganancia"29 guia ocio tarragona Ahora bien, ¿cómo se intensifica el trabajo? wmailbox.com 214 Reports of Insp. of Fact., 1. c., p. 118. Un fabricante de seda declara cándidamente a los comisarios de investigación de la Child. Empl. Comm. “Estoy plenamente convencido de que se ha descubierto el verdadero secreto de la producción de buenos obreros, consistente en combinar desde la infancia el trabajo con la enseñanza. Claro está que para ello es necesario que el trabajo no sea demasiado fatigoso ni repelente o malsano. Yo desearía para mis propios chicos que pudieran alternar la escuela con el trabajo y el juego.”(Child. Empl. Comm. V Rep., p. 82, n. 36. )