Mar 14, 2008 at 17:50 o\clock
Dar más vueltas que una peonza.
"
Positivo Constructivo. El color amarillo denota alegría y positivismo, la luz del sol. El sombrero amarillo es optimista y cubre la esperanza y el pensamiento positivo. El Amarillo es la contraparte del sombrero negro, no el blanco, que sabemos que es neutro. Cuando nos ponemos imaginariamente el sombrero amarillo debemos asumir el rol de ser positivos y constructivos; ocuparnos de la evaluación positiva. El amarillo también es objetivo (lógico-positivo) como el sombrero negro, pues debe explicar el por qué del positivismo, basado en la experiencia pasada. Es dificil asumir este rol o actitud. Estamos acostumbrados a ser negativos, pero ser positivos con las ideas de los demás, no. Por lo general sólo somos positivos con nuestras propias ideas o con las ideas de nuestro Jefe. Cuando una persona da una idea y los demás se ponen el sombrero amarillo, buscan, en base a su experiencia pasada, cómo pueden hacer crecer los diferentes aspectos que tiene la idea presentada y la hacen crecer. Por eso se dice que el sombrero amarillo es positivo constructivo. El rol del sombrero amarillo puede ser especulativo, pues una parte de este pensamiento se basa en diseñar objetivos en donde especulamos (en base a experiencia pasada) su buen desempeño o solución óptima. Error de una falsa causalidad.-En todos los tiempos se ha creído saber qué cosa es una causa; pero ¿de dónde derivábamos nuestro saber, más exactamente, nuestra creencia de que sabíamos? Del reino de los famosos “hechos interiores”, ninguno de los cuales ha sido aún corroborado. Nos atribuíamos en el acto volitivo un carácter causal; creíamos sorprender por lo menos in flagranti la causalidad. Asimismo, no se dudaba de que todos los antecedentes de un acto, sus causas, habían de buscarse en la conciencia y que en ésta se lo sencontraba si en ella se los buscaba, como “motivos”; o si no, se habría estado en libertad de cometerlo, no se habría sido responsable por él. Por último, ¿quién iba a negar que el pensamiento fuera el efecto de una causa? ¿Que el yo causara el pensamiento...? De estos tres “hechos interiores”, que parecían garantizar la causalidad, el primordial y más convincente es el de la voluntad como causa; la concepción de una conciencia (“espíritu' como causa v, más tarde, la del yo (“sujeto”) como causa son tan sólo concepciones derivadas, una vez que se consideraba dada, como empiria, la causalidad de la voluntad... Desde entonces hemos meditado en forma más honda y penetrante. Ya no creemos una palabra de todo esto. El “mundo interior” está plagado de espejismos y fuegos fatuos; uno de ellos es la voluntad. Ésta ya no acciona nada y, por ende, ya no explica nada; no es más que un fenómeno concomitante que puede faltar. Otro error es el llamado “motivo”, que es un mero fenómeno accidental de la conciencia, un corolario del acto que no tanto representa sus antecedentes como los oculta. iY no se diga el yo! Éste se ha convertido en fábula, ficción, juego de palabras; ¡ha cesado por completo de pensar, de sentir y de querer! ... ¿Qué se deduce 'de esto? ¡No hay causas mentales! ¡Toda la presunta empiria al respecto se ha reducido a la nada! ¡He aquí lo que se sigue de esto! Y, sin embargo, habíamos abusado a más no poder de esta “empiria”; en base a ella habíamos construido el mundo como un mundo de causas, de voliciones, de espíritus. Trabajaba en esto la más antigua y más larga sicología, que en definitiva no hacía otra cosa; para ella, todo acaecer era un hacer y todo hacer la consecuencia de una volición. El mundo se le aparecía como una multitud de agentes y todo acaecer como determinado por un agente (un “sujeto”). El hombre ha proyectado fuera de sí sus tres “hechos interiores”, aquello en que más firmemente creía: la voluntad, el espíritu y el yo; desarrolló del concepto “yo” el concepto “Ser” y concibió las “cosas” a su imagen como algo que “es”, de acuerdo con su concepto del yo como causa. No es de extrañar, así, que luego haya vuelto a encontrar en las cosas lo que en ellas había introducido. La cosa, el concepto “cosa”, lo repito, no es sino un reflejo de la creencia en el yo como causa... Y aun en su átomo, señores mecanicistas y físicos, i cuánto error, cuánta sicología rudimentaria subsiste aún en su átomo! ¡Y no se diga la “cosa en sí”, el horrendem pudendum de los metafísicos! ¡El error del espíritu como causa confundido con la realidad! ¡Y erigido en criterio de la realidad! ¡Y llamado Dios! Crítica del modernismo. Todo el mundo conviene en que nuestras instituciones ya no sirven para nada. Pero la culpa no la tienen ellas, sino nosotros. Tras haber perdido todos los instintos de los que surgen las instituciones, perdemos las instituciones porque ya no servimos para ellas. Siempre el modernismo ha sido la forma de decadencia del poder de organización; ya en Humana, demasiado humano I, 349, he definido la democracia moderna, junto con sus cosas a medio hacer, como el “Reich alemán”, como forma de decadencia del Estado. Para que haya instituciones debe haber un tipo de voluntad distinto, imperativo, antiliberal hasta el summum: la voluntad de tradición, de autoridad de responsabilidad ante centurias por venir, de solidaridad de cadenas de generaciones hacia adelante y hacia atrás in infinitum. Si existe tal voluntad, se establece algo como el Imperio Romano o como Rusia, la única potencia que hoy tiene duración, que puede esperar, que puede aún dar promesas; Rusia, la antítesis de la miserable fragmentación y nerviosidad de Europa, que han hecho crisis con la fundación del Reich alemán... Todo el Occidente ha perdido esos instintos de los que surgen las instituciones, de los que surge el porvenir: no hay acaso nada tan reñido con su “espíritu moderno”. Se vive para el hoy, muy de prisa; se vive de una manera muy irresponsable: precisamente a esto se le llama “libertad”. Lo que convierte en instituciones las instituciones es despreciado, odiado, repudiado; en cuanto se pronuncia la palabra “autoridad” se cree correr peligro de caer en una nueva esclavitud. A tal extremo llega la decadencia en el instinto valorativo de nuestros políticos, de nuestros partidos políticos: prefieren instintivamente lo que desintegra, lo que acelera el proceso... Testimonio de ello es el matrimonio moderno. Éste claramente ha perdido su buen sentido; mas esto no constituye una objeción contra el matrimonio, sino contra el modernismo. Radicaba el buen sentido del matrimonio en la responsabilidad jurídica exclusiva del hombre, la que aseguraba equilibrio al matrimonio, el cual hoy cojea de ambas piernas. Radicaba el buen sentido del matrimonio en su indisolubilidad fundamental, la que le confería un acento que sabía hacerse oír frente a la contingencia de sentimiento, pasión y momento. Radicaba asimismo en la responsabilidad de las familias por la selección de los cónyuges. Con la creciente indulgencia en favor del casamiento por amor se ha eliminado de hecho el fundamento del matrimonio, aquello que hace de él una institución. No se funda jamás una institución sobre una idea; no se funda el matrimonio, como queda dicho, sobre el “amor”, sino sobre el instinto sexual, el instinto de propiedad (mujer e hijo como .propiedad), el instinto de dominación, que constantemente organiza el señorío más pequeño, la familia, y necesita de hijos y herederos para mantener también fisiológicamente un grado logrado de poder, influencia y riqueza; para preparar largas tareas, solidaridad instintiva a través de centurias. El matrimonio como institución implica ya la afirmación de la forma de organización más grande, más perdurable; si la sociedad misma no puede dar garantías, como un todo, hasta las generaciones más remotas, el matrimonio no tiene sentido. El matrimonio moderno ha perdida su sentido; en consecuencia, debe procederse a abolirlo. “Libertad a que yo no aspiro...” En tiempos como los actuales, estar librado a los instintos es una fatalidad más. Estos instintos se contradicen, se obstruyen y se destruyen unos a otros; yo defino lo moderno como la contradicción fisiológica consigo mismo. La razón, la educación, exigiría que bajo una presión férrea se paralizara, por lo menos, uno de estos sistemas de instintos para permitir a otro expandirse, adquirir fuerza y llegar a prevalecer. Hoy día debiera hacerse posible al individuo podándolo: posible quiere decir íntegro... Sin embargo, suele hacerse justamente lo contrario: los que con más vehemencia reivindican la independencia, el desarrollo libre de trabas, el laisser aller, son precisamente los que más tienen de rienda y freno, lo mismo in politicis que en arte. Mas se trata de un síntoma de la decadencia; nuestra noción moderna de la “libertad” es una prueba más de la degeneración de los instintos. Donde hace falta la fe. Nada hay tan raro entre moralistas y santos como la probidad; tal vez afirmen lo contrario y es posible que hasta lo crean. Pues cuando creer es más útil, eficaz y convincente que fingir de modo consciente, el fingimiento, por instinto, no tarda en tornarse inocencia: tesis capital para la comprensión de los grandes santos. También en el caso de los filósofos, tipo diferente de santos; es un “gaje del oficio” eso de admitir solamente determinadas verdades, esto es, aquellas en base a las cuales su oficio cuenta con la sanción pública; en el lenguaje de Kant: verdades de la razón práctica. Saben lo que deben demostrar; en esto son gente práctica; el acuerdo sobre “las verdades” es el signo por el cual se reconocen. “No mentirás” significa, en definitiva: cuidado, señor filósofo, con decir la verdad... Respetado maestro: continuamente me asalta el recuerdo de los días de Bayreuth, y las numerosas ensañanzas y experiencias vividas en tan corto espacio de tiempo me abruman cada vez más. Comprendo perfectamente que no se mostrará muy satisfecho con mi estancia, pero esto ya no tiene remedio. Reconozco que yo me doy cuenta de las cosas demasiado tarde; ahora recordando el pasado, surgen sensaciones y pensamientos nuevos que deseo grabar a fuego en mi memoria. Sé muy bien, queridisimo maestro, que una visita como la mía no debe de resultarle muy agradable que digamos, e incluso sería insoportable en algunos momentos. Con frecuencia me decía a mí mismo que era libre e independiente, al menos en apariencia, pero en vano. En fin, le ruego me considere uno de sus discípulos que espera con la pluma en la mano y el cuaderno ante sí... He de reconocerlo: cada día que pasa aumenta mi melancolia al darma perfecta cuenta de cuánto me agradaría ayudarle de alguna manera, poder serle útil en algo, pero soy completamente incapaz de ello, y si nisiquiera puedo aportar mi granito de arena para que usted se distraiga y alegre. Estoy al final de mis treinta años: la “mitad de la vida”, decían en esa edad en tiempos del milenio y medio; Dante tenía por entonces la visión de la que habla en las primeras palabras de su poema. Ahora bien llegado a esa “mitad de la vida”, estoy tan “acorralado por la muerte” que me podría llevar en cualquier momento: la índole de mi sufrimiento me inclina a pensar en una muerte súbita, convulsiva (aunque preferiría una muerte lenta y lúcida que me permita hablar con los amigos, debe ser más dolorosa). En este sentido ahora me siento como el último de los patriarcas: pero también porque he realizado la obra de mi vida. Lo sé, derramé una gran gota de aceita que no podrá ser olvidada. En el fondo, ya hice la prueba de mi consideración a la vida: muchos la harán todavía. Hasta esta mismo instante mi ánimo no ha flaqueado bajo los sufrimientos persistentes, me parece que los siento de manera más serena y condescendiente que durante toda mi vida anterior: ¿a quién tendría que atribuir esta acción que me ha fortificado y mejorado? No a mis contemporáneos porque, salvo algunos pocos, todos se mostraron escandalizados y no temieron hacérmelo sentir. Querido amigo, eche una ojeada a este último manuscrito sólo para ver si hay rastros de sufrimiento y de opresión: no creo que los encuentre y mi suposición es ya un signo de que esas consideraciones necesariamente entrañan fuerzas, y no impotencia y cansancio, que es lo que buscarán quienes me atacan. No iré a verlo, a pesar de la insistencia de Overbeck y de mi hermana: es un estado en el que me parece más apropiado estar cerca de mi madre, del país natal y de los recuerdos de infancia. Pero no lo tome como una decisión definitiva e irrevocable. Es necesario que un enfermo pueda hacer y modificar sus planes de acuerdo con el tamaño variable de su esperanza. Acabo de terminar mi programa estival: tres semanas a media altura (en los prados), tres meses en Engadine, el tercero en las aguas de Saint-Moritz, cuyo mejor efecto se debe sentir en el transcurso del invierno. Me sentó bien la ejecución del programa: ¡no fue fácil! La renuncia a todas las cosas -falto de amigos y de cualquier contacto, sin poder leer libros; todo arte estaba lejos de mí; un cuartito con una cama, alimentación de asceta (que por otra parte es lo que necesitaba; nada de empacho durante todo el verano!) -esta renuncia sería absoluta si no continuara ligado a mis pensamientos (¿qué debía hacer por otra parte?), ciertamente lo más nocivo para mi cabeza -aún no sé como podría haberlo evitado. Es bastante -para este invierno el programa será relajarme, descansar de mis pensamientos -lo que no ha sucedido en años. Este invierno, vestido de la forma más miserable, asistí dos veces seguidas a mi propio entierro; la primera vez como el Conde Robilant (no, éste es mi hijo, yo soy Carlos Alberto, infiel a mi naturaleza), pero yo mismo era Antonelli. Querido catedrático, debiera ver este edificio; como no tengo ninguna experiencia en las cosas que he creado, le corresponde a usted ejercer cualquier tipo de crítica, [le] estaría agradecido, sin que pueda prometer sacar de ella algún provecho. Nosotros los artistas no podemos ser instruidos. Hoy me he regalado el espectáculo de una opereta -genialmente morisca, en esta ocasión también constaté con placer que tanto Moscú como Roma son realidades grandiosas. Vea que hasta el paisaje no carece de talento. Reflexione, tendremos bellas, bellas charlas, Turín no está tan lejos, ningún deber profesional serio se impone por el momento, nos tomaríamos un vaso de Veltiner. El desaliño es la vestimenta de rigor:
"
Estar en off side.
Una vez que se ha logrado distinguir la voluntad del albedrío, considerando a este último como una especie o manera de manifestación de aquella, no habrá dificultad alguna en ver también a la voluntad en los actos inconscientes. El que todos los movimientos de nuestro cuerpo, hasta los meramente vegetativos y orgánicos, broten de la voluntad, no quiere decir en manera alguna que sean arbitrarios, pues esto equivaldría a decir que son motivos lo que los ocasionan. Pero los motivos son representaciones, cuyo asiento es el cerebro, y sólo las partes que reciben de éste nervios pueden ser por él movidas por motivos, y sólo a este movimiento llamamos arbitrario. Los de la economía interna del organismo, por el contrario, guíanse por excitantes, como los de las plantas, sin más diferencia que la de que la complicación del organismo animal, así como hizo necesario un sensorio exterior para la comprensión del mundo externo y la reacción de la voluntad sobre él, así también ha hecho necesario un cerebrum abdominale, el sistema nervioso simpático, para dirigir la reacción de la voluntad a los excitantes internos. Cabe compararlos, el primero al ministerio de Estado, y al de Gobernación el segundo, quedando la voluntad como el monarca, en todo presente. Relax Barcelona Si se admite que a los medios de subsistencia les corresponde de por sí la cualidad de ser, bajo cualesquiera circunstancias, capital invertido en salarios, habrá que admitir también que es característica de este capital “circulante” la de “sostener al trabajo”, to support labour (Ricardo, Principles, etc., p. 25). Esto quiere decir que si los medios de subsistencia no fuesen capital, no sustentarían a la fuerza de trabajo, cuando en realidad es precisamente su carácter de capital lo que les permite sustentar al capital con trabajo ajeno Relax BCN Puede ocurrir, sin embargo, que en P... P y M'... M’ se presenten circunstancia modificativas. Sí, por ejemplo, nuestro fabricante de hilados de algodón tiene grandes existencias de este artículo (y, por tanto, una gran parte de su capital productivo invertida en forma de existencias de algodón), una parte de su capital productivo resultará depreciada por la baja de los precios del algodón; en cambio, si estos precios suben, subirá también de valor esta parte de su capital productivo. Por otra parte, si ha inmovilizado grandes masas de capital en forma de capital–mercancias, por ejemplo, de hilados de algodón, ocurrirá que la baja del algodón depreciará una parte de su capital –mercancías y también, por tanto, de su capital encuadrado en el proceso cíclico; y, por el contrario, una subida del precio del algodón la hará subir. Finalmente, en el proceso Relax Por consiguiente, la incorporación del capital adicional necesario para convertir el tiempo de circulación del capital I, en tiempo de producción no sólo aumenta la magnitud del capital desembolsado y la duración del tiempo con vistas al cual se desembolsa necesariamente el capital global, sino que además aumenta específicamente la parte del capital desembolsado que existe como reserva–dinero y que adopta, por tanto, la forma de capital–dinero y de capital–dinero potencial. Chicas de compañía en Barcelona Partiendo de una escala de producción dada, disminuye en proporción a la brevedad de los períodos de rotación la magnitud absoluta del capital–dinero variable desembolsado (como la del capital circulante en general) y aumenta la cuota anual de la plusvalía. Partiendo de una magnitud dada del capital desembolsado, aumenta la escala de la producción y, por tanto, a base de una cuota de plusvalía dada, aumenta la masa absoluta de la plusvalía producida durante un período de rotación, a la par con el aumento de la cuota anual de plusvalía que se logra mediante el acortamiento de los períodos de reproducción. De nuestra anterior investigación se desprende, en general, que, según la duración más o menos larga de los períodos de rotación, es necesario desembolsar un capital–dinero de muy diferente magnitud para poner en movimiento la misma masa de capital circulante productivo y la misma masa de trabajo con el mismo grado de explotación de éste. Madrid Acompañantes Lo que no se ve en absoluto es cómo puede surgir una ganancia del simple cambio de forma entre el dinero y la mercancía, de la simple trasmutación del valor de una de estas formas en la otra. Y, además, su explicación resulta absolutamente inadmisible por el hecho de tomar como punto de partida el capital comercial, el cual se mueve exclusivamente dentro de la órbita de la circulación. Pero ya volveremos sobre esto. Escuchemos antes lo que A. Smith dice acerca del capital fijo: “El segundo modo de empleo [del capital] consiste en mejorar las tierras o comprar aquellas máquinas útiles, instrumentos de comercio, u otra clase de bienes, que produzcan un ingreso o una ganancia, sin necesidad de tener que cambiar de dueño o circular ulteriormente. A estos capitales se les denomina, en consecuencia, con propiedad, fijos. Según las diferentes ocupaciones, así son las proporciones de los capitales fijos y circulantes que se emplean en las mismas... en el capital de cualquier fabricante o artesano ha de haber alguna porción invertida en los instrumentos del oficio. Esa porción es en unos más grande, y en otros más pequeña... en todos estos oficios [sastres, zapateros, tejedores, etc.] la mayor parte del capital circula en forma de salarios que se pagan a los obreros, o en el precio de los materiales, recuperándose con un beneficio en el precio del artículo”. valencia Girls Hemos estudiado primeramente la reproducción simple, partiendo del supuesto de que toda la plusvalía se gastaba como renta. En la realidad, bajo circunstancias normales, nunca se puede gastar como renta más que una parte de la plusvalía, destinando el resto a la capitalización, lo cual no es óbice para que la plusvalía producida dentro de determinados períodos se gaste íntegramente o se capitalice en su totalidad. Sacando la media del movimiento –que es lo único que puede hacer la fórmula general–, vemos que ocurren ambas cosas. Sin embargo, para no complicar la fórmula es preferible suponer que se acumula toda la plusvalía. La fórmula Callgirls Barcelona Es ley general de la producción de mercancías, como más arriba hemos dicho, la de que la productividad del trabajo y su creación de valor se hallan en razón inversa. Esta ley es aplicable a todas las industrias, incluyendo la del transporte. Cuanto menor es la cantidad de trabajo, muerto y vivo, que reclama el transporte de la mercancía para una distancia dada, mayor es la productividad del trabajo, y viceversa.9 Clubs de alterne en Mallorca En segundo lugar, tratándose del papel funcionalmente determinado que desempeña cada metamorfosis dentro del proceso de circulación de un capital individual, no rige ni mucho menos la norma de que representa la metamorfosis opuesta correspondiente en el ciclo de otro capital, siempre y cuando que partamos del supuesto de que toda la producción del mercado mundial se desarrolla por causa capitalistas. Por ejemplo, en el ciclo P ,puede ocurrir que el elemento D’ que convierte en dinero el elemento M' sólo sea, por parte del comprador, la realización monetaria de su plusvalía (cuando se trate de mercancías que sean Chicas de compañía en Valencia El régimen capitalista de producción presupone la producción en gran escala y, como consecuencia de ello, la venta en gran escala también. presupone, por tanto, la venta al comerciante y no directamente al consumidor individual. Cuando este consumidor sea, a su vez, consumidor productivo, es decir, capitalista industrial; o, dicho en otros términos, cuando el capital industrial de una rama de producción suministre medios de producción a otra rama, se operará también (en forma de encargo, etc.) la venta directa de un capitalista industrial a muchos. En este sentido, todo capitalista industrial es vendedor directo, su propio comerciante, papel que, por lo demás, desempeña también cuando vende a otros comerciantes. Madrid putas El rasgo fundamental de mi doctrina, lo que la coloca en contraposición con todas las que han existido, es la total separación que establece entre la voluntad y la inteligencia, entidades que han considerado los filósofos, todos mis predecesores, como inseparables y hasta como condicionada la voluntad por el conocimiento, que es para ellos el fondo de nuestro ser espiritual, y cual una mera función, por lo tanto, la voluntad del conocimiento. Esta separación, esta disociación del yo o del alma, tanto tiempo indivisible, en dos elementos heterogéneos, es para la filosofía lo que el análisis del agua ha sido para la química, si bien este análisis fue reconocido al cabo. En mi doctrina, lo eterno e indestructible en el hombre, lo que forma en él el principio de vida, no es el alma, sino que es, sirviéndonos de una expresión química, el radical del alma, la voluntad. La llamada alma, es ya compuesta; es la combinación de la voluntad con el nouz, el intelecto. Este intelecto es lo secundario, el posterius del organismo, por éste condicionado, como función que es del cerebro. La voluntad, por el contrario, es lo primario, el prius del organismo, aquello por lo que éste se condiciona. Puesto que la voluntad es aquella esencia en sí, que se manifiesta primeramente en la representación (mera función cerebral ésta), cual un cuerpo orgánico, resulta que tan sólo en la representación se le da a cada uno el cuerpo como algo extenso, articulado, orgánico, no fuera ni inmediatamente en la propia conciencia. Así como las acciones del cuerpo no son más que los actos de la voluntad que se pintan en la representación, así su substracto, la figura de este cuerpo, es su imagen en conjunto; y de aquí que sea la voluntad el agens en todas las funciones orgánicas del cuerpo, así como en sus acciones extrínsecas. La verdadera fisiología, cuando se eleva, muéstranos lo espiritual del hombre (el conocimiento), como producto de lo físico de él, lo que ha demostrado cual ningún otro, Cabanis; pero la verdadera metafísica nos enseña que eso mismo físico no es más que producto o más bien manifestación de algo espiritual (la voluntad) y que la materia misma está condicionada por la representación, en la cual tan sólo existe. La percepción y el pensamiento se explicarán siempre, y cada vez mejor, por el organismo; pero jamás será explicada así la voluntad, sino que, a la inversa, es por ésta por lo que el pensamiento se explica, como lo demuestro en seguida. Establezco, pues, primeramente la voluntad, como cosa en sí, completamente originaria; en segundo lugar su mera sensibilización u objetivación el cuerpo; y en tercer término el conocimiento, como mera función de una parte del cuerpo. Esta parte misma es el querer conocer (Erkennenwollen, la voluntad de conocer) objetivado (hecho representación), en cuanto necesita la voluntad para sus fines, del conocimiento. Mas esta función condiciona, a su vez, el mundo todo, como representación y con éste al cuerpo mismo, en cuanto objeto perceptible y hasta a la materia en general, como existente no más que en la representación. Porque, en efecto, un mundo objetivo sin un sujeto en cuya conciencia exista, es, bien considerado, algo eternamente inconcebible. El conocimiento y la materia (sujeto y objeto), no son, pues, más que relativos el uno respecto al otro, formando el fenómeno. Así como queda la cuestión, como no había estado hasta hoy, merced a mi alteración fundamental. anibcn.com Dice Adam Smith, libro II, cap. I: "El valor de las semillas hay que considerarlo, en realidad, como si fuera capital fijo”. Por tanto, aquí capital = valor capital: existe en forma “fija”. Aunque [la semilla] va y viene del campo al granero, no cambia de dueño y, por eso, no se puede decir justamente que circula. La ganancia del labrador no consiste en vender la semilla, sino en acrecentarla” (p. 254). La estrechez de visión, aquí, no está en que Smith, como había hecho ya Quesnay, no considere la reaparición del valor del capital constante como4 un factor importante del proceso de reproducción, sino simplemente como un ejemplo más, y además falso, para ilustrar su diferencia entre capital fijo y capital circulante En la traducción que hace Smith de los términos de avances primitives y avances annuelles por “fixed capital" y "circulating capital", el progreso reside en la palabra "capital", cuyo concepto se generaliza, independientemente de su proyección especial sobre el radio “agrícola” de acción de los fisiócratas: el retroceso, en concebir y retener las diferencias entre "fijo y "circulante" como diferencias decisivas. relax Barcelona
Por atún y a ver al duque.
Así, pues, si, por ejemplo, el tiempo de rotación, r, es de 3 meses, tendremos que n = 12/3 = 4, lo que quiere decir que el capital efectuará 4 rotaciones al año. Sí r = 18 meses, entonces n = 12/18 = 2/3, lo que significa que el capital sólo recorrerá en un año 2/3 de su tiempo de rotación. Cuando, por tanto, su tiempo de rotación abarque varios años se calculará por múltiplos de un año. tantra Ahora bien; cabe la posibilidad de que en la misma India vuelvan a venderse los hilados a crédito. Con este crédito se compran en la India productos, enviados en pago a Inglaterra, o bien se remite una letra de cambio por el importe. Si este estado de cosas se prolonga, se producirá una presión sobre el mercado de dinero de la India, que, al repercutir en Inglaterra, podrá provocar aquí una crisis. Esta crisis, a su vez, aunque relacionada con la exportación de metales preciosos a la India, provocará en este país una nueva crisis, debida a la bancarrota de las casas comerciales inglesas y de sus filiales indias, alimentadas por el crédito de los bancos locales. De este modo, surge una crisis simultánea tanto en el mercado en contra del cual, como en aquél a favor del cual, se manifiesta la balanza de comercio. Y este fenómeno puede presentar un carácter todavía más complicado. Puede ocurrir, por ejemplo, que Inglaterra haya enviado a la India lingotes de plata y que los acreedores ingleses de la India hagan efectivos allí sus créditos, con lo que aquel dominio se verá poco después en la imposibilidad de restituir sus lingotes de plata a Inglaterra. www.deliciasbcn.com 2º A. Emith huye, de su propia teoría por medio de un juego de palabras, de la distinción entre gross y net revenue, entre ingreso bruto e ingreso neto. El capitalista individual, al igual que la clase capitalista en conjunto, o lo que se llama la nación, recibe en vez del capital consumido en la producción un producto–mercancía, cuyo valor –representable en partes proporcionales de este mismo producto– repone , de una parte, el valor–capital invertido, creando, por tanto, un ingreso y además, literalmente, una renta [revenue] (de revenu, participio pasivo de revenir, retornar), pero nota bene, (22), renta de capital o ingreso de capital. De otro lado, las partes integrantes de valor que “se distribuyen entre los diversos habitantes del país como salario de su trabajo, como ganancia de su capital o como renta de su propiedad de la tierra", es lo que en el lenguaje corriente se engloba bajo el nombre de rentas. Es decir, que el valor de todo el producto, ya sea para el capitalista individual o para todo el país, arroja siempre un ingreso para alguien: de una parte, un ingreso para el capital; de otra, rentas distintas de él. Por consiguiente, lo que se había eliminado al analizar el valor de la mercancía en sus partes integrantes, se cuela ahora por un portillo, y volvemos a encontrarnos con el doble sentido de la palabra “renta”. Ahora bien; sólo es posible "recibir" las partes integrantes del valor del producto que ya existiesen en él. Para poder recibir como renta capital, es necesario desembolsar previamente capital. Relax Barcelona Y ahora, permítaseme que traiga aquí una vieja historia. señorita de compañia en barcelona Sin embargo, la compensación del número de obreros o de la magnitud del capital variable mediante el aumento de la cuota de plusvalía o la prolongación de la jornada de trabajo, tiene sus límites, límites infranqueables. Cualquiera que sea el valor de la fuerza de trabajo, lo mismo si el tiempo de trabajo necesario para la conservación del obrero representa 2 horas que sí representa 10, el valor total que un obrero puede producir, un día con otro, es siempre más pequeño que el valor en que se materializan 24 horas de trabajo, inferior a 12 chelines o 4 táleros, suponiendo que sea ésta la expresión en dinero de 24 horas de trabajo materializadas. Bajo el supuesto de que partíamos anteriormente, según el cual para reproducir la propia fuerza de trabajo o reponer el capital desembolsado para comprarla eran necesarias 6 horas diarias de trabajo, un capital variable de 500 táleros que emplee 500 obreros a una cuota de plusvalía del 100 por ciento o con una jornada de trabajo de 12 horas, produce una plusvalía diaria de 500 táleros, o sea 6 x 500 horas de trabajo. Un capital de 100 táleros, empleando diariamente 100 obreros a una cuota de plusvalía del 200 por ciento o con una jornada de trabajo de 18 horas, sólo produce una masa de plusvalía de 200 táleros, o sean 12 x 100 horas de trabajo. Y su producto global de valor, equivalente al capital variable desembolsado más la plusvalía, no puede alcanzar jamás, un día con otro, la suma de 400 táleros, o de 24 x 100 horas de trabajo. El límite absoluto de la jornada media de trabajo, que es siempre, por naturaleza, inferior a 24 horas, opone un límite absoluto a la posibilidad de compensar la disminución del capital variable aumentando la cuota o el número menor de obreros explotados aumentando el grado de explotación de la fuerza de trabajo. Esta segunda ley, bien palpable, es de importancia para explicar muchos fenómenos que brotan de la tendencia, que más tarde explicaremos, del capital a reducir todo lo posible el número de obreros por él empleados, o, lo que es lo mismo, su parte variable, invertida en fuerzas de trabajo, en aparente contradicción con otra tendencia suya: la de producir la mayor masa posible de plusvalía. La realidad es la inversa. La masa de plusvalía producida, lejos de aumentar, disminuye al crecer la masa de la fuerza de trabajo empleada, o sea, la magnitud del capital variable, si este aumento no guarda proporción con el descenso experimentado por la cuota de plusvalía. modelo de compañía Para acabar con los abusos del falso sistema de relevos, la ley dictaba, entre otras, las siguientes importantes normas de aplicación: "La jornada de trabajo de los niños y obreros jóvenes se contará a partir del momento en que comience a trabajar en la fábrica por la mañana cualquier niño u obrero joven." Por tanto, sí A, por ejemplo, comienza a trabajar a las 8 de la mañana y B a las 10, la jornada de trabajo del segundo deberá finalizar a la misma hora que la del primero. El comienzo de la jornada de trabajo se marcará por un reloj público, v. gr. por el reloj de la estación más próxima, al que deberá ajustarse la campana de la fábrica. El fabricante deberá fijar en la fábrica, impreso en letras grandes, un cartel en el que se anuncien el comienzo, el fin y las pausas de la jornada de trabajo. Los niños cuyo trabajo comience antes de las 12 de la mañana, no podrán trabajar después de la 1 del día. Por tanto, el turno infantil de la tarde deberá estar formado por niños que no hayan trabajado en el turno de la mañana. La hora y media asignada para las comidas a los obreros protegidos por la ley deberá concedérseles a todos a la misma hora, una hora por lo menos antes de las 3 de la tarde. Los niños y obreros jóvenes no podrán trabajar más de 5 horas antes de la 1 de la tarde sin concedérseles, cuando menos, media hora de descanso para comer. Los niños, obreros jóvenes y mujeres no deberán permanecer durante las comidas en ninguna dependencia de la fábrica en que se realicen trabajos. escorts marbella La mitad, el 60/125, de las categorías de obreros industriales investigadas no consumía ni una gota de cerveza, el 28 por 100 ni una gota de leche. El promedio semanal de los alimentos líquidos oscilaba entre 7 onzas, que era la dosis de las costureras, y 243/4 onzas, dosis de los calceteros. Entre los jornaleros privados totalmente de leche formaban la mayoría las costureras de Londres. La cantidad de pan y otras sustancias semejantes consumida semanalmente variaba de 73/4 libras, ración obtenida por las costureras, a 11 1/4 libras, ración de los zapateros, arrojando un promedio total de 9.9 libras semanales por obrero adulto. El consumo de azúcar (jarabes, etc.) oscilaba entre 4 onzas semanales, para los guanteros en piel, y 11 onzas para los calceteros; el promedio total, para todas las categorías, era de 8 onzas semanales por obrero adulto. El promedio total de manteca (grasa, etc.) por semana arrojaba 5 onzas por obrero adulto. El promedio semanal de carne (tocino, etc.) por obrero adulto oscilaba entre 71/4 onzas, que obtenían los tejedores en seda, y l81/4 onzas, que tocaban a los guanteros en piel; promedio total, para las diversas categorías: 13.6 onzas. El costo semanal de la alimentación por obrero adulto arrojaba como promedio general las siguientes cifras: tejedores en seda, 2 chelines y 21/2 peniques, costureras, 2 chelines y 7 peniques; guanteros, 2 chelines y 91/2 peniques; zapateros, 2 chelines y 73/4 peniques; calceteros, 2 chelines y 61/4 peniques. El promedio semanal de los tejedores en seda de Macclesfield era de 1 chelin 81/2 peniques. Las categorías peor alimentadas eran las costureras, los tejedores en seda y los guanteros en piel.49
Hemos visto cómo la gran industria viene a abolir técnicamente la división manufacturera del trabajo, lo que supone anexionar de por vida a un hombre a una operación detallista, al paso que la forma capitalista de la gran industria reproduce en proporciones todavía más monstruosas aquella división del trabajo; en la verdadera fábrica, al convertir al obrero en accesorio con conciencia propia de una máquina parcial y en los demás sitios mediante el empleo esporádico de máquinas y de trabajo mecánico,216 y mediante la aplicación del trabajo de la mujer y niño y del trabajo inexperto como nueva base de la división del trabajo. La contradicción entre la división manufacturera del trabajo y lo que constituye la esencia de la gran industria, resalta de un modo poderoso. Esta contradicción se revela, por ejemplo, en el hecho espantoso de que gran parte de los niños que trabajan en las fábricas y manufacturas modernas encadenados desde su más tierna infancia a las más sencillas manipulaciones, se vean explotados años y años sin aprender ningún otro trabajo que les permita prestar un servicio útil ni siquiera en la misma fábrica o manufactura en que se les explota. En las imprentas inglesas, por ejemplo, se aplicaba antes a los aprendices un régimen de transición, que les hacía remontarse desde los trabajos más simples a otros más complejos, régimen tomado del sistema de la antigua manufactura y de los oficios manuales. De este modo, los aprendices recorrían una escala de aprendizaje, hasta hacerse impresores. El saber leer y escribir era requisito del oficio para todos. La máquina de imprimir vino a echar por tierra todo esto. Esta maquina requiere dos clases de obreros: un obrero adulto, el. maquinista, y un obrero joven, el chico de la máquina, de 11 a 17 años por lo general, cuya misión se reduce a meter los pliegos de papel blanco en la máquina y a sacar de ella los pliegos impresos. En Londres, los chicos de las máquinas pasan encadenados a esta fatigosa faena 14, 15 y 16 horas consecutivas durante algunos días de la semana, y a veces hasta 36 horas, con sólo 2 de descanso para comer y dormir.217 Entre ellos, hay muchos que no saben leer, y suelen ser todos criaturas anormales y medio salvajes. “La preparación para estas faenas no requiere aprendizaje intelectual de ningún género; estos muchachos tienen escasa ocasión de desarrollar su pericia, y menos todavía su inteligencia: su salario, un poco crecido tratándose de muchachos, no aumenta en la misma proporción en que crecen, y la inmensa mayoría de estos muchachos no puede aspirar al puesto, más lucrativo y responsable, de maquinista, puesto que hay muchas máquinas servidas por un maquinista solamente para cada 4 chicos.”218 Tan pronto como se hacen demasiado viejos para el trabajo infantil que ejecutan, es decir, a los 17 años o antes, se les despide, pasando a formar parte de los batallones del crimen. Todas las tentativas que se han hecho por colocarlos en otra parte fracasan, pues siempre chocan con su ignorancia, su tosquedad y su degeneración física e intelectual. girlsbcn 114 "Las mismas causas que pueden hacer aumentar la renta de un país [o lo que es lo mismo, como el propio Ricardo aclara en el mismo pasaje, la renta de los terratenientes y los capitalistas, cuya riqueza, económicamente considerada, se identifica con la riqueza de la nación] pueden, al mismo tiempo, engendrar un exceso de población y empeorar la situación de los obreros." (Ricardo, Principles, etc., p. 469.) "La finalidad constante y la tendencia de todo perfeccionamiento introducido en el mecanismo es, en efecto, prescindir totalmente del trabajo del hombre o disminuir su precio, sustituyendo el trabajo de obreros varones y adultos por el trabajo de la mujer y del niño o el de obreros diestros por el de obreros sin calificar." (Ure [Philosophie of Manufactures, p. 23].) sofiabcn.com Examinemos más de cerca la circulación D – M – D. Este ciclo recorre, al igual que la circulación simple de mercancías, dos fases contrapuestas. En la primera fase, D – M o compra, el dinero se convierte en mercancía. En la segunda fase, M – D o venta, la mercancía se convierte nuevamente en dinero. Pero ambas fases, unidas, forman el proceso total, en el que se cambia dinero por mercancía y esta misma mercancía nuevamente por dinero: o lo que es lo mismo, en el que se compra una mercancía para venderla, o, si queremos pasar por alto las diferencias formales de compra y venta, en el que se compran mercancías con dinero y dinero con mercancías.2 El resultado en que desemboca todo este proceso es el intercambio de dinero por dinero, D–D. Sí compro 2,000 libras de algodón por 100 libras esterlinas y las vuelvo a vender por 110, no habré hecho, en último resultado, más que cambiar 100 por 110 libras esterlinas, es decir, dinero por dinero. bcnbox El valor de una mercancía, del lienzo por ejemplo, se expresa ahora en otros elementos innumerables del mundo de las mercancías.26 Aquí es donde se ve verdaderamente cómo este valor no es, más que la cristalización de trabajo humano indistinto. En efecto, el trabajo creador de valor se representa ahora explícitamente como un trabajo equiparable a todo otro trabajo humano cualquiera que sea la forma natural que revista, ya se materialice, por tanto, en levitas o en trigo, en hierro o en oro, etc. Como se ve, su forma de valor pone ahora al lienzo en relación, no ya con una determinada clase de mercancías, sino con el mundo de las mercancías en general. Considerado como mercancía, el lienzo adquiere carta de ciudadanía dentro de este mundo. Al mismo tiempo, la serie infinita de sus expresiones indica que al valor de las mercancías le es indiferente la forma específica de valor de uso que pueda revestir. barcelona Después de esta afectuosa demostración, el capital tanteó el terreno de la insubordinación mediante un paso que caía dentro de la letra de la ley de 1844, siendo, por tanto, legal. bares de copas en alicante Así, surgió la ley fabril adicional de 7 de junio de 1844, que entró en vigor el 10 de septiembre del mismo año. Esta ley incluía en la categoría de obreros protegidos un nuevo grupo: el de las mujeres mayores de 18 años. Estas eran equiparadas para todos los efectos a los jóvenes, y su jornada de trabajo se reducía a 12 horas, prohibiéndoseles el trabajo nocturno, etc. El legislador veíase, pues, forzado por primera vez a controlar directa y oficialmente el trabajo de las personas adultas. En el informe fabril de 1844–45 se dice irónicamente: "No ha llegado a nuestro conocimiento un solo caso en que mujeres adultas hayan protestado contra esta invasión en sus derechos".107 El trabajo de los niños menores de 13 años se rebajaba a 6 horas y medía diarias y, bajo ciertas condiciones, a 7.108 Oscus Apruebo su idea de editar por entregas la traducción de El Capital. wmailbox.com 66 L. c., p. XIII. Se comprende perfectamente que el nivel cultural de estas "fuerzas de trabajo" sea el que se desprende de los siguientes diálogos mantenidos con uno de los comisarios investigadores. "Jeremias Haynes, 12 años... Cuatro por cuatro son ocho, y cuatro cuartos (4 fours) 16... Un rey. según él, es el que tiene todo el dinero y el oro (A king is hira that has all the money and gold). Tenemos un rey, que dicen que es una reina, a la que llaman princesa Alejandra. Dicen que se ha casado con el hijo de la reina. Una princesa es un hombre." W. Tumer, 12 años: "No vivo en Inglaterra., Creo que existe un país llamado así, pero es la primera vez que oigo hablar de él." John Morris, 14 años: "He oído decir que Dios hizo el mundo y que ahogó a todos los seres, menos a uno, que creo era un pajarito" Wiliam Smith, 15 años: "Dios hizo el hombre y el hombre hizo a la mujer." Edward Taylor, 15 años: No sé nada de Londres." Henry Matthewman, 17 años: "Voy a veces a la iglesia... Predican mucho acerca de un tal Jesucristo, pero no recuerdo ningún otro nombre, ni sé decir tampoco nada de quién era aquél. No fue asesinado, sino que murió como todo el mundo. No era como los demás en cierto modo, porque era en cierto modo religioso y los demás no lo es" (He was not the same as other people in sorne ways, because he was religious in some ways, and other isn't" ( 1 c. 74, p. XV). "El diablo es una buena persona. No sé dónde vive. Cristo era un mal sujeto" (The devil is a good person. I don't know where he lives. Christ was a wickled man). "Esta muchachita (10 años) apenas deletrea Good dog y no sabe cómo se llama la reina." (Ch. Empl. Comm., ver Rep. 1866. p. 55, n. 278.) El mismo sistema de las fábricas metalúrgicas a que nos referimos, impera en las fábricas de cristal y de papel. En las fábricas de papel, donde éste se fabrica por medio de máquinas, es corriente el trabajo nocturno para todas las manipulaciones, salvo la de clasificar los trapos. En algunos casos. el trabajo nocturno se mantiene sin interrupción toda la semana, por medio de turnos; lo corriente es que dure desde el domingo por la noche hasta las 12 de la noche del sábado siguiente. El equipo que tiene el turno de día trabaja 5 jornadas de 12 horas y una de 18, y el del turno de noche, 5 noches de 12 horas y uno de 6 a la semana. En otros casos, los equipos trabajan 24 horas seguidas en los días de relevo. Un turno trabaja 6 horas el lunes y 8 el sábado, para completar las 24. Otras veces, se introduce un sistema intermedio, en que todos los que tienen a su cargo las máquinas de fabricación de papel trabajan 15 a 16 horas diarias. A juicio de Mr. Lord, comisario investigador, este sistema reúne todos los abusos de los sistemas de relevos de 12 y 24 horas. Bajo este régimen nocturno, trabajan niños menores de 13 años, jóvenes menores de 18 y mujeres. A veces, en el sistema de las 12 horas, tenían que trabajar en doble turno de 24 horas, por ausencia de los que habían de relevarles. Testigos presenciales declaran que los muchachos y las chicas trabajan con gran frecuencia horas extraordinarias, que llegan a veces hasta una jornada de 24 e incluso de 26 horas ininterrumpidas de trabajo. En el proceso "continuo e inmutable" de las fábricas de cristal, nos encontramos con muchachas de 12 años que trabajan todo el mes a razón de 14 horas diarias, "sin ningún descanso ni pausa periódicos, fuera de 2 o a lo sumo 3 medias horas para las comidas. En algunas fábricas en las que se ha abandonado por completo el trabajo nocturno como régimen normal, se trabaja una cantidad espantosa de horas extraordinarias, trabajo que se realiza "frecuentemente en las condiciones más sucias, calurosas y monótonas" (Children's employment Commission, Report iv, 1865, PP. XXXVIII y XXXIX.