Brucollini 068
-¡No! -replicó él duramente.
-Eres demasiado cruel, monsieur.
-Tal vez pienses eso ahora, pero quiero conservarte para mí; luego cambiarás tu opinión -dijo él-. Esperarás con ansiedad que te tome en mis brazos. Aunque no llegaste al placer cuando hicimos el amor por primera vez, no puedes negar la sensación agradable que te di.
-¡Estás... estás loco! ¡Tu contacto me enferma!
-Querías matarme porque te mentí, Bettina, pero ahora no dices la verdad. ¿Quieres que te lo pruebe?
Sin esperar la respuesta, Tristán la tomó por la cintura y la atrajo hacia él hasta que sus labios separados cubrieron la punta de uno de los pechos redondos. Bettina jadeó instantáneamente y puso las manos sobre sus hombros para apartarlo de ella. Pero él le oprisni6 aún más la cintura hasta que ella dejó de resistirse. Su boca, que ahora se movía de un pecho a otro, cm como un fuego salvaje, que llegaba al fondo de su alma. Tristán continuó con su juego, chupando, bromeando, rozando suavemente sus pechos, hasta que Bettina estuvo a punto de echarse a llorar por el placer que sentía. Todo su cuerpo percibía los labios de él, que demostraban la verdad de sus palabras. Pero entonces él se interrumpió.
Bettina sabía adonde llevaba esto. Comenzó a aterrorizarse otra vez cuando Tristán se puso de pie y se quitó las ropas. Había dicho que ella antes no había llegado al máximo placer. ¿Había un placer mayor al hacer el amor. Y sí había ¿lo experimentaría esta vez? ¿El se daría cuenta si así era? ¡No! No podía suceder... ella no podría soportarlo. Sería demasiado humillante si él se enteraba de que le daba placer, si no podía luchar contra él físicamente, al menos lucharía contra el placer que él podía darle.
Tristán la tomó en brazos, y la llevó a la cama, y luego se tendió a su lado, sus labios encontraron los de ella y la besó ansiosamente, exigiendo la respuesta que ella no quería darle. Ella buscó algo en su mente... cualquier cosa, como para enojarlo y hacer que terminara rápidamente con ella.
Las manos de él acariciaron sus pechos, su vientre,
y siguieron más abajo.
-¡Tristán! -gritó ella conmocionada-. No soy una mujer fácil que desea que tus dedos exploren su cuerpo. Soy una dama, monsieur, ¡y me das asco! -susurró, con la voz llena de desprecio.
-Por todos los cielos, bruja, quieres que te arroje a los tiburones -gruñó él con furia.
- ¡Prefiero que ellos se alimenten de mi cuerpo y no tú!
-Tu lengua te privará de muchas cosas, Bettina.
Después de decir esto, se tendió sobre ella y penetró en ella rápidamente, causándole un poco de dolor. La poseyó con profundos movimientos penetrantes, y a pesar del deseo de resistirse de Bettina, un placer increíble comenzó a invadir todo su cuerpo, hasta que quedó interrumpido por el movimiento final de Tristán.
Bettina tenía ganas de gritar cuando él se relajó sobre ella, agotado. Pasó un minuto, luego dos, pero Tristán no se movía.
-Quiero levantarme -dijo ella con frialdad.
El se apoyó en los codos y la miró.
-¿Por qué? -preguntó con suavidad.
-Me gustaría irme a dormir, si no te molesta. Entonces, ¿no permites que me levante?
-Lo que dices no tiene sentido, Bettina. Si quieres dormir, hazlo.
-Me doy cuenta de que no eres un caballero, y de que no renunciarás a tu cama por una dama, de manera. que...
-En ese sentido tienes razón. Pero no necesito renunciar a mi cama porque pienso compartirla.
-¡No! -gritó ella tratando de apartarlo, pero era como tratar de mover un hombre de hierro-. Me niego a compartir esta cama contigo. Ya es bastante que haya sufrido tu... tu ataque y la violación de mi cuerpo, ¡pero no compartiré tu cama!
- ¿Y si insisto?
-¡No la compartirás! -gritó ella.
-Ah, pero yo insisto, pequeña -replicó él, con una sonrisa divertida en los labios.
-¿No sabes cuánto te detesto? -silbó ella mientras se retorcía debajo de él-. No tolero estar cerca de ti. Ahora, ¡déjame!
-Si no dejas de retorcerte, te violaré por tercera vez. ¿Prefieres eso a compartir mi cama? -preguntó él, con sus ojos brillando de maldad.
Bettina quedó inmóvil, con miedo hasta de respirar. Lo sentía crecer dentro de ella, y sus ojos se agrandaron. Eran grandes espejos verdes, que le rogaban piedad en silencio.
-¿Esa es tu respuesta? ¿Compartirás mi cama?
-Como en todo lo demás, no me dejas opción. Pero tu peso es insoportable, Tristán. No puedo dormir así.
-Te concederé eso, pero nada más.
Después de haber dicho esto, se colocó a un costado de Bettina, y ella subió rápidamente las mantas hasta taparse todo el cuerpo y se puso de cara a la pared acercándose a ésta lo más posible. Lo oyó reír suavemente, pero pronto se quedó dormido.
¡Ah, Dios mío, cómo lo odiaba! Acababa de quedarse dormido, como si este día no hubiera sido diferente de cualquier otro. En cambio ella... tenía ganas de gritar. Si el día anterior alguien hubiera dicho que había caído en manos de un pirata cruel, se habría reído histéricamente. Pero ahora... ahora que había sido violada no una sino dos veces en el mismo día por ese gigante, ahora que ya no era inocente ni apta para el matrimonio, ni siquiera podía llorar. Las lágrimas la liberarían de parte de su angustia. Pero estaba demasiado furiosa para llorar. Tristán, esa bestia, disfrutaba de haberla dominado. Bien, no sería por mucho tiempo. Una vez que la liberara y ya no estuviera a su merced, encontraría la forma de vengarse de él.
Contrataría un barco, un barco más poderoso que el suyo, y lo borraría de los mares. Sí; aunque no pudiera degollarlo con sus propias manos, le provocaría la muerte. El conde de Lambert la ayudaría. Por supuesto, tal vez el conde no querría casarse ahora. Bien; en ese caso, tendría que encontrar otra manera. Pero no descansaría hasta enviar a Tristán al infierno. Con ese pensamiento, finalmente Bettina se quedó dormida..
Bettina se despertó bruscamente. Había estado soñando con Tristán, y su primer pensamiento fue que había tenido una horrible pesadilla. Pero cuando miró a su alrededor y vio donde estaba, supo que no se trataba de un mal sueño.
Todo era cierto. Realmente estaba en un barco pirata. Realmente estaba a merced de un hombre de quien no sabía nada, un hombre que había gozado teniéndola en su poder. Y lo había disfrutado. Ella había visto placer en sus ojos, lo había oído en el tono de su voz. Era un hombre que sólo se preocupaba por sus propios deseos, y nada sobre los sentimientos de ella.
Con un suspiro de desesperación, Bettina hizo a un lado las mantas y se sentó en el borde de la estrecha cama. Veía su vestido violeta arrugado junto a la mesa, y se dio cuenta de que había dormido sin ropa. En sus diecinueve años, no recordaba haberse acostado jamás sin camisón.
Miró a su alrededor en la pequeña habitación, esperando encontrar algo qué ponerse aparte del vestido destrozado, y vio un hermoso arcón tallado a mano contra una pared. Fue hacia él, sabiendo instintivamente que debía contener ropas del capitán, y lo abrió. Su primer impulso fue destrozar el contenido hasta convertirlo en harapos, pero rápidamente abandonó la idea. Sabía muy bien cuales serían las consecuencias. Examinó cuidadosamente las ropas, esperando encontrar alguna bata, pero tuvo que decidirse por una camisa de color celeste.
Se la puso por encima de la cabeza, y observó que el amplio cuello dejaba ver parcialmente sus jóvenes pechos erguidos. El borde de la camisa no le llegaba a las rodillas, pero la prefirió a los pantalones de Tristán. El hombre era demasiado grande. Ya encontraría hilo y aguja para arreglar su vestido antes de que volviera. Mientras Bettina estudiaba el resto de la cabina, se detuvo ante un golpe a la puerta. Su primera idea fue encontrar algo para cubrir sus piernas desnudas, porque temía que fuera Tristán o algún hombre de la tripulación, pero se tranquilizó al ver entrar a Madeleine. Llevaba una pequeña bandeja de comida que dejó en la mesa.
-¿Estás bien, Bettina? -preguntó Madeleine-. Estaba muy preocupada de que el capitán pudiera hacerte algún daño.
-No me pegó, como ves -respondió Bettina, sintiéndose nuevamente furiosa-. Este Tristán exige su venganza en forma mucho más sutil.
-No comprendo.
-¡Por supuesto que comprendes! -saltó Bettina, furiosa, pero se sintió avergonzada al ver la expresión de tristeza en el rostro de su criada-. Lo siento. Mira, el capitán ha amenazado con azotarme si me resisto o lo desobedezco en cualquier forma. No me deja otra posibilidad sino someterme como si estuviera bien dispuesta. ¡No puedo soportarlo! Quiero luchar contra él, pero temo al látigo más que a cualquier otra cosa.
-Ah, me alivia oírte decir eso, pequeña.
-¿Cómo puedes decir eso, Maddy? -preguntó Bettina, asombrada-. ¿Cómo puedes sentirte aliviada de que yo deba someterme a ese... ese monstruo?
-Simplemente no quiero que te hagan daño -dijo Madeleine con tono herido-. Haría cualquier cosa por evitar que ese hombre te tome, Bettina, pero nada puedo hacer. Nada puedes hacer tú, tampoco.
-Yo podría hacer algo si él no me amenazara azotarme.
-Sí, y por eso me siento aliviada, Bettina. Conozco tu genio. Recuerda aquella vez que peleaste con muchacho del establo cuando eras una niñita y que ser el muchacho que tu padre deseaba. El niño se burló de ti y tú no cejaste hasta que lo dejaste tendido en suelo. Te conozco bien, pequeña pero ninguna de nosotras conoce a este Tristán. No tengo dudas de que te dañaría si trataras de luchar contra él.
-¡No me importa! -saltó Bettina.
Madeleine suspiró.
-Yo habría deseado que tu primera experiencia con un hombre fuera más feliz. Pero el daño está hecho Bettina. Las cicatrices de la mente eventualmente y se olvidan. Pero las cicatrices en tu cuerpo es siempre allí para recordarte esta desagradable experie cia.
-¡Desagradable! Eres demasiado amable -declaró Bettina-. Están llenas de terror, son como pesadillas, sí, pero desagradables... esto mal puede llamarse "experiencia desagradable".
-Pero no es más que eso, una experiencia por 1a que atraviesas. Pronto todo terminará, te casarás con conde, y...
-¿Me casaré? -preguntó Bettina con escepticismo.
-Claro que sí.
-¿Y si el conde de Lambert no quiere casarse con migo cuando sepa que me han deshonrado? ¿Y si ocurre algo aún peor, que no quiera pagar mi rescate? ¿Qué no sucederá entonces?
-Debes dejar de pensar en eso, Bettina. El es francés. Es una cuestión de honor. Pagará el rescate y además se casará contigo. Ahora ven, come antes que la comida se enfríe.
Bettina pensó que Madeleine debía tener razón. Ya habría tiempo para preocuparse por el conde más ad lance. Ahora, su principal preocupación era el capitán y cómo evitar una nueva violación.
Madeleine había traído dos recipientes con espesa sopa, y comieron en silencio. Bettina terminó primero se apoyó en el respaldo de su silla para estudiar el rostro de Madeleine. Su vieja niñera parecía cansada.
-Debes perdonarme, Maddy. Estaba inmersa en autoconmiseración; ni siquiera me había preguntado cómo estabas tú. ¿Te cuidan? ¿Tienes un lugar para dormir? Madeleine levantó la mirada y sonrió.
-No te preocupes por mí, pequeña. Nada debo temer de estos hombres si les gusta cómo cocino.
-¿Tu cocina? ¿Tú preparaste esta sopa?
-Sí -rió Madeleine-. Temporalmente soy la cocinera del barco. No me molesta, me da algo que hacer. No hay muchos alimentos en la bodega, pero puedo parar una comida mejor que el tonto a quien reemplacé
-Estoy segura de que sí, Maddy.
-Y el primer oficial me dejó su camarote, de manera que tengo un lugar para dormir.
Bettina tembló al oír mencionar al hombre corpulento que quería azotarla hasta la muerte.
-No debes juzgar a Jules por lo sucedido -dijo Madeleine-. Anoche cené con él y no es mal hombre.
-Pero quería matarme. Y lo habría hecho si... -Bettina se interrumpió . No quería admitir que Tristán la había salvado de ese horrible destino.
-Sí, te habría matado -dijo Madeleine-. Y si lo hubiera hecho, yo habría tratado de matarlo a él. ¿No te das cuenta, Bettina? Dadas las circunstancias, tú o yo habríamos reaccionado de la misma manera. Jules pensó que habías matado a su amigo. Me dijo anoche que Tristán es como un hijo para él, o más que un hermano, porque sólo se llevan diez años de edad. Tristán perdió a sus padres cuando era apenas un niño, y Jules lo adoptó y lo crió. Desde entonces están juntos. Están muy, muy unidos. ¿No habrías actuado tú de la misma manera que Jules si pensaras que alguien a quien quieres había sido asesinado?
-Supongo que sí -admitió Bettina de mala gana. Sabía que Madeleine tenía razón, pero Jules le daba miedo.
-El destino nos puso a merced de estos honmbres -continuó Madeleine-. Y eso es lo que debemos recordar... Que estamos a su merced. Aún temo que harás daño a Tristán, y entonces Jules...
-No, no volveré a tratar de matarlo. Al menos no hasta que estemos seguras.
-¿Qué quieres decir?
-Me vengaré. Tristán me ha deshonrado, me ha humillado... ¡Me ha engañado!
-Pero Bettina, es un pirata. Se libró una batalla y nuestro barco perdió. El capitán te desea, y para su manera de pensar, tiene derecho sobre ti como ganancia de esta batalla. Estos piratas podrían matamos si lo decidieran, y probablemente lo harían si no fuera por el rescate -dijo Madeleine.
-Supongo que tienes razón.
-De modo que no debes oponerte al capitán, porque él tiene tu vida en sus manos.
-¡Pero yo lo odio! ¡Lo veré muerto! -replicó acaloradamente Bettina.
-Bettina, ¿qué te sucede? En general aceptas las situaciones cuando son inevitables. ¿Por qué no tratas de aprovechar esto lo mejor posible? No durará mucho tiempo.
-Un día es demasiado para estar bajo el poder de ese hombre. ¡Es una bestia arrogante! Se divierte humillándome.
-¡Bettína, por favor! Tienes mucho que vivir una vez que esto haya terminado. ¡No pongas tu vida en peligro!
-No te preocupes por mí, Maddy.
-¿Cómo puedo no preocuparme por ti cuando te oigo hablar así? Tristán dejó libre a la tripulación de "Canción del Viento" en un acto de piedad, pero podría matarte todavía si lo enojas. Tú no sabes...
-¿Qué quieres decir con eso de que liberó a la tripulación? -interrumpió Bettina-. ¡Los mató, los asesinó a todos!
-Ya debes saber que no fue así, Bettina -dijo Madeleine.
-No lo sé... No sé nada -admitió de mala gana-. No fui capaz de mirar a mi alrededor mientras me llevaban por la cubierta. Supuse que estaban todos muertos.
-No era así. Yo los vi respirar. Muchos estaban inconscientes, y la mayoría heridos, pero creo que en realidad no hubo muertos.
-¿Para qué les permitiría vivir?
-No lo sé, querida. Me pareció extraño en ese momento. Los piratas suelen ser hombres crueles que matan fácilmente por placer o por lograr un botín.
-Son ladrones, y atacaron a "Canción del Viento", ¿verdad? Tal vez Tristán se sentía bondadoso ayer, pero sigue siendo un pirata, y yo trataré de que muera por lo que me ha hecho.
-Ah, Bettina -suspiró Madeleine-. ¿Por qué no podrías ser más parecida a tu dulce madre? Acepta la verdad de que los hombres gobiernan este mundo y de que nosotras las mujeres nada podemos decir. Sería mucho más fácil para ti si lo hicieras. Así como tú obedeces las órdenes de tu padre en tu casa, ahora debes obedecer las de Tristán. Y cuando te cases, obedecerás al conde. Los hombres castigan a las mujeres que no cumplen sus deseos. ¿No aprendiste eso cuando eras joven rebelde? Te enviaron a la escuela, a pesar de que tu madre deseaba que permanecieras en la casa. Tu padre os castigó a las dos enviándote allí. ¿Nada has aprendido de tus errores?
-Pero eso era distinto.
-Sí, supongo que sí. Legalmente un pariente de sexo masculino gobierna tu vida. Tristán no es un pariente, pero ahora estás bajo su dominio, y las leyes de la sociedad no están aquí para evitar que te hagan daño. Recuerda eso, pequeña, por tu propio bien. Abandona esta venganza de que hablas.
-He dicho que no lo mataré hasta que estemos seguras, pero entonces encontraré la forma de hacerlo.
Madeleine dejó las cosas como estaban. No tenía sentido tratar de llamar a Bettina al sentido común si sentía las cosas tan fuertemente.
-Ahora debo ir a preparar el almuerzo. -Madeleine metió la mano en un bolsillo y sacó una aguja e hilo-. Conseguí esto para arreglar tu vestido. Pensaba hacerlo yo misma, pero creo que necesitas algo que hacer.
-Sí; y gracias, Maddy, siempre piensas en todo. -No en todo, porque de otra manera habría pensado en la forma de mantener a ese hombre apartado de ti.
-Ya lo pensaré yo misma -replicó Bettina.
Madeleine sacudió la cabeza y se levantó, para retirarse.
-Volveré más tarde, Bettina, si puedo. Tal vez esté demasiado ocupada, sin embargo, si las provisiones que el capitán prometió llegan esta tarde.
-¿Qué provisiones? -preguntó Bettina sorprendida.
-Las que Jules compró en la costa. Partió esta mañana.
-¡Fue a la costa! -exclamó Bettina-. Entonces estamos cerca de tierra...
-Creí que lo sabías. El barco echó anclas a medianoche. Estamos en el puerto de Tórtola.
Bettina finalmente advirtió que el barco estaba inmóvil. Después de estar tanto tiempo en el mar, tendría que haberse dado cuenta al despertar de que el barco no se movía, pero sus tumultuosos pensamientos le impedían percibir nada.
-¡Ahora podemos escapar! -dijo rápidamente Bettina, levantando la voz por la excitación.
-Eso es imposible, Bettina. Necesitamos un bote, porque el barco está lejos de la costa. Y la tripulación los ha usado todos.
-¡Podemos nadar!
-Yo... no sé nadar –admitió Madeleine de mala gana.
-Ay, Maddy –casi gritó Bettina. Luego sus esperanzas resurgieron-. Iré sola. Traeré a las autoridades, y estos piratas serán Girls BCN es una página web donde Escorts Barcelona y Escorts Madrid se anuncian con sus fotografías, servicios, tarifas y teléfonos privados. También encontrarás Escorts España. Girlsbcn es el directorio número 1 en España. Podrás encontrar más de 200 Putas Barcelona y Putas Madrid. El mejor Relax Barcelona y Relax Madrid lo encontrarás en BCN Girls. Todo 100% real, si estás buscando Sexo Barcelona, Sexo Madrid, Saunas Barcelona, Saunas Madrid, Prostitutas Barcelona, Prostitutas Madrid, Scorts Barcelona, Scorts Madrid ... aquí lo encontrás. Si necesitas Alterne Barcelona y Alterne Madrid lo puedes localizar en BCNgirls. arrestados y ahorcados. ¡Quedaremos libres!
-Es una buena idea, pequeña, pero jamás podremos llevarla a cabo. El capitán está en el barco. Jamás te dejará escapar.
Las esperanzas de Bettina se hicieron pedazos con estas simples palabras.
